lunes, 12 de septiembre de 2022

El juramento

 

Todavía no asumo ser un átomo de insignificancia,

una ojiva en la gran luna del tiempo, un farol olvidado

entre las sombras del día. Aún escribo soliloquios ciegos

en las esquinas de mi piel, disfruto con la luz que dora

la crisálida de las estaciones. Pienso y vivo dos veces,

en el recuerdo y en el presente. Soy un alma viajera

entre los sueños y la duda que alimenta los segundos

en que existo. Veré la flora y su color de arco iris. Oiré

los suspiros de la niebla cuando el sol empuja su adiós,

sentiré la lluvia cómo recita su letanía sobre las plazas

que abandonan los pájaros. Recorreré las calles infinitas,

ida y vuelta, desdeñando el cansancio que el tiempo

arroja en mis espaldas. Te hablaré del eco que guardan

los paraguas como una canción de nana en mis oídos.

Resplandece el signo en mi corazón y son versos marchitos

los episodios malos que ya no dejan huella, en los vidrios

laten las olas de un mar que es azul para siempre. Me desvirgo

cada noche, me río de los cometas, el cielo es un candil en mis ojos.

Vivo bajo la luz, lato. Y ante ti, juro, por dios, que mi porvenir es ahora.

sábado, 10 de septiembre de 2022

Mi ciudad y tú

 

Escogeré cinco símbolos.

Primero, el faro que es un ojo de luz nacido de la historia.

Segundo, el cristal sobre la blanca madera, reflejo de barcos, sueño de gaviotas.

Tercero, el monte, desde allí, la luna ilumina el huso que es el perfil de esta urbe.

Cuarto, la ciudad vieja, la plaza en sombra, la iglesia humedecida.

Quinto, tu cuerpo solitario, ágil, ausente, a menudo fugaz.

jueves, 8 de septiembre de 2022

Septiembre se lleva la luz

 

Es cierto que algo niega el esplendor.

Una cortina en la luz,
el silencio de las playas,
el adiós de los pájaros.

Es cierto que la lluvia ha roto su máscara
y empieza a caer como un canto oculto.

Hay símbolos que sueñan con la eternidad de la luz,
otros, en cambio, se visten de sombra,
tiñen de crepúsculo las ramas de los árboles.

Septiembre anida en los soportales con su vieja canción de otoño.

Hemos perdido las rosas de la luz,
el agua fluye en el manantial,
los veranos siempre vuelven con su inútil atardecer
eternamente claro.

En la calma fría de los chiringuitos las voces enmudecieron.

No olvides nunca que las golondrinas solo vuelan
si ven luz en los tejados.

miércoles, 7 de septiembre de 2022

Cazadores de ratas

 

Señales que llegan con los pájaros, luz de fragua en los picos.

 

La amistad es un nudo invisible que ahorca los silencios,

confidencias de media tarde en las buhardillas

atestadas de objetos enmohecidos,

un rectángulo de claridad entre las sombras,

y los propósitos y el desafío en las muecas

que fingíamos ante los espejos como duendes malditos,

sin patria y sin país, con el corazón imberbe.

 

Quien inventa mundos sucumbe a sus sueños,

palabras que nadie dijo, imágenes que rotan en norias infinitas,

lo irreal inventa a lo real para que nada sea real.

 

Los que amamos el misterio de la luz vivimos en la noche,

al atardecer las ratas asoman sus belfos diminutos,

tú y yo, como jugando, elegimos la máscara,

el avatar que busque entre las rocas un tesoro.

 

Y son los rayos últimos un fulgor de sal

-el océano penetra en el dique, huyen o huimos, quien sabe-

entonces murmuras epítetos nocturnos,

personajes de cabellera malva que se arrodillan sin querer,

púberes violentos que recogen del suelo las heridas,

su voz es una paloma que descubre el insomnio de las plazas.

 

Todo lo que hiciste fue inventar un código,

había un halo frenético que colmaba el rizo,

tu perfil de árbol, la dentadura viajando del portal del día

a la cueva hospitalaria. 

 

Aún guardas el arma, los balines viajeros,

la madera de boj en la culata, mis huellas en el percutor

y mi ternura en las sienes.

 

Los múridos son pequeños dioses del abismo,

rozan con sus bigotes vibrantes el pus de la vida,

la cal de la muerte, anuncian el dolor con vómitos de sangre

en los hocicos, chillan cuando la enfermedad terrible

va a poblar los corazones.

 

Y yo que no supe cazarlas añoro su paso rápido,

su peluda sombra, su fiel estigma que atormenta,

su sed y su hambre royendo mis ojos, mi alma y tu nombre.


martes, 6 de septiembre de 2022

Ósmosis

 

El frío de agosto, transmutación.

Dos sexos que se aman, sintaxis.

Tú y yo, el molde y la arcilla.


lunes, 5 de septiembre de 2022

Matices del rojo

 

Henchido en lo púrpura el valor, tinta de alga,
carmesí híbrido que arroja el perfume de la sangre
al encarnado esperma de la noche, simbiosis de la luz
en el frontal incandescente, pámpanos de fruta
tropical, granada de lunares bermejos, lisa piel
del tubérculo recién nacido, el ocre blando de la tierra
-casi desvaído, rojo de rojez desnuda-murmullo de la suela
sobre la faz sanguínea, venosa, arborescente, cortinajes
y luces, farol velado por la comisura del carmín, satén
rojizo que cubre tu alcoba, licor de cerezo en un frasco
de transparencia helicoidal, la nariz púrpura por el frío de la noche,
el poso de la jeringa vacía, con hematíes y glóbulos, con albas
carmesí en los párpados, y un terrible sinsabor en la boca,
los ojos en los espejos, enrojecidos, el ramal se expande,
qué redes ocupan mis córneas con la furia de un magma,
deltas flamígeros, tornasol iridiscente sobre el blancor herido.

domingo, 4 de septiembre de 2022

El náufrago

 

Nadaré entre las olas como una lágrima perdida
en el corazón del dolor.

He crecido sin el mapa donde las islas no existen,
de la palabra intuí el signo difuso que borraba la música,
de los pecios del alma robé crisantemos y abalorios,
un áspid y la huella del lince en el bosque.

Pisé nubes blancas en los arroyos del olvido,
en la concavidad de los omoplatos hay minas de incertidumbre,
moldes de mango que absorben tus silencios.

Y el néctar que abandona la piedad dulce,
y las hojas del sauce, estalactitas afiladas
que mueren por ser gravedad en la angostura del aire.

Un símbolo del racimo inacabado que llora por ti
en las cuevas de tu perdición, un gong de platillos verdes
que se golpean hasta crear el sonido que amortigua el asombro.

Segundos sin nombre que navegan por mis venas,
ardides que la corriente, tal vez el océano de tu piel,
señala en las coordenadas que regulan el tiempo
y los designios que habitan el porvenir.

Me verás en el esquife que arrojó de sí la nave milenaria,
frágil como la rosa de los vientos entregada al azar,
oculta mi faz por el coral que esta eterna singladura va dejando en mis mejillas.