miércoles, 7 de agosto de 2024
Plegaria
martes, 6 de agosto de 2024
El claro del bosque
Aquí estoy entre espinos y broza,
inmóvil como raíz,pero los brazos rompen telarañas
y entra la luz de la memoria,
y reviven los sueños mientras los ojos se cierran
y en el revés de los párpados retornan las colinas y el mar,
la casa y sus paredes, la mirada azul de la hermana.
Apenas un claro en el bosque y ese espacio de luz
que ambiciona dejar de ser nube negra,
las palabras se repiten en un eco de campanas,
el corazón vuelve a su reflejo en el cristal,
el lugar de los juegos ya no es urna de latidos alegres
aunque los trinos de la infancia nos hayan transformado en pájaros
sedientos de alegría y fulgor, ríos y puentes como palomas vivas
en las oscuras ciudades del norte.
Lirios blancos engarzados coronan sus cabellos color miel,
la lluvia forma hilos de plata en las ventanas,
mi voz antigua reverbera sin que las pérgolas añoren
las rosas y las glicinas, la buganvilla bajo el balcón
que el sol de la tarde tintaba con el púrpura del crepúsculo,
la efímera cicatriz del tiempo.
Me arrullan paredes invisibles, es ahora este claro de luz
quien viene a mí y me abraza como amigo
y me habla como padre, receptor del coral
que los recuerdos dejan bajo las olas de este mar
que soy yo algunas veces.
lunes, 5 de agosto de 2024
Nadar
La música y el ritmo de la ola, coreografía de espuma
que bate en los cuerpos como dientes que se diluyen
hasta llegar a la frontera del sílice y el cuarzo, frío
en los músculos que agitan el velamen de los brazos,
extremidades que flotan y golpean la verde superficie,
avanza el cuerpo con el olor a sal y yodo, con la sed
presente en los labios, con el corazón que retumba
en su nido de alegría, con el pecho como proa de navío,
con la efervescencia de la ola en los ojos cerrados.
domingo, 4 de agosto de 2024
Destino de lágrima
En transparencia de fuente recién nacida nadan los sentimientos
como manantial que fluye indómito por la faz contraída, derramándose
en hilatura que moja la piel encendida y no es solo llanto, es también
estallido feliz en las sienes, en los ojos, en los labios que ríen, en la brillantez
de los pómulos, húmeda pátina de solsticio que se transformará dócil,
igual que el río en lago, igual que el lago en rosa seca, igual que la rosa
seca en rostro de paz, hasta que se abra de nuevo la herida o trine
el pájaro de la felicidad y del interior manen lágrimas traslúcidas
que a fuerza de crecer formen un cauce que, partiendo del corazón,
acabe por sucumbir a la mesura indolente de la templanza.
sábado, 3 de agosto de 2024
El pasillo
En el suelo yacen las pisadas que aún viven bajo la luz
de la nostalgia, y es su dibujo un laberinto de signos ocres
donde se pierde el rumor de las risas antiguas, el lento deslizar
de un balón como si fuera un esquife por el canal que forman
los altos muros de aquel pasillo gris vuelve a mis manos, igual
que ayer, entre goles sin número y gritos de un júbilo amordazado
por las reglas tácitas del silencio, suena el teléfono- ave oscura
sobre la cómoda de caoba- y una voz familiar se derrama,
sutilmente, como un aire que retorna después de diez años
a su guarida con el ansia del recuerdo poblando sus vocales,
aquellas que repiten como sonido de campanas la letanía
de una mímica que nunca se perdió en la eternidad de los relojes.
viernes, 2 de agosto de 2024
Abrí mi boca
Abrí mi boca hacia el perfil de la nube que volaba indolente
como un suspiro de amor bajo la égida del cielo, antes de la paz
que en el corazón del manantial inventa noches de música clara
llegó la mordedura de los días al sol con el grito de la sed en los jardines
de flores ardientes, con el árido clamor de los paladares bajo el confín de la luna,
con las grietas hundidas en el seno de los labios como espadas de luz,
con el frío manar de los cactus en la piel del niño que crece; abrí
mi boca a la humedad, sentí el suave fluir del manantial cayendo
en mi interior mientras cerraba los ojos a la sed de la noche.
jueves, 1 de agosto de 2024
La tentación del abismo
No te acerques al filo donde el aire es príncipe
y un hueco de eternidad asoma con las fauces
abiertas al hambre voraz de los abismos, no mires
al águila, ni al saliente petrificado donde rinde sus alas,
no escuches el silbido del viento que colma la niebla
de cantos sin voz, hay pájaros en bandada que buscan
islas de coral entre un mar de nimbos níveos como algodón
de santidad en dibujo de esferas alrededor del vacío que te nombra,
resiste al imán del río que allí abajo no es más que una arteria azul
por donde tu alma no fluye, nunca serás ángel pero tampoco
elijas ser gota de lluvia que muere solitaria al golpear la tierra
con su llanto, enfréntate a la sed del abismo negándole el agua de tu vida.
