Te acercas con el olor a incienso de los calendarios,
sin telarañas en los párpados, como un ave desnuda
que pía luz. Conoces la caída de la noche y el orgullo
de los murciélagos, has roto la ceniza de los visillos
con la luna triste de tu seno. Si abres las alas
me encontrarás dormido y seré tu isla, tu ruiseñor,
tu hoguera azul. Y me llevarás a lo oscuro donde
al fin escucharé el latido de los muertos.
sábado, 12 de octubre de 2019
jueves, 10 de octubre de 2019
Historia de un mendigo

*Fotografía de Lee Jeffries
Aquí no hay un espejo, cuánto hace que no me miro
en un espejo, seré tacto, barba hirsuta, olor de chaqueta
muerta, de ropa muerta, de muerto en andrajos. Salir
a la orilla del esputo, el que dejé ayer junto a la alcohólica
que ríe con dientes podridos, isla y agujeros, invierno
de dragones, viento que es un amigo, igual que la lluvia
o el hambre, tuve país, hogar y futuro, hoy las ratas
me acompañan mientras arrastro el violín de mis zapatos
sobre un suelo de voraces gusanos a los que alimento
con el orín que, lentamente, corre, como vena o río azul
hasta el desleído oráculo de las baldosas. Quise, amé
el rojo océano desde el lugar incontinente de una ciudad ardida.
Para qué venir a poblar los sueños, hay rastros y gotas
de sangre y varices sobre las farolas, hay estómagos
desvirgados que cuelgan de los frutales, y túneles
de alcanfor con cartones dibujados por falsos profetas.
Humo de colillas, alcohol de garrafa, mugre y vicio
como un chicle que se escupe amargo. Perdí el reloj
y ya no sé el día, conozco un refugio bajo una roca
donde el mar no llega, ni llega el claxon de los mercedes,
ni el oro blanco de los mentirosos, ni el fétido aliento
de los ricos, ni la dulce rutina de los que mueren
en sus trabajos. Soy un mundo subterráneo
en un acuario de abalorios, pero es tan mía la luz,
tan mío este instante, que solo con el desprecio reirá mi ser.
miércoles, 9 de octubre de 2019
Lo qué le diré al tiempo
¿Qué decirle al tiempo que no sepa?
Dios de agujas y arenas, microscópico ser,
rutina que gotea una luz sombría. Yo le diré
que mi vida está guardada bajo la nieve,
le diré que lo efímero es un jardín de flores inolvidables,
que un soplo de quietud, el éxtasis de un beso,
el sol de la experiencia, el amor entregado
sobreviven al eclipse, al sudor de la piedra,
al maldito puñal de las horas.
En este singular instante en que respiro tiempo,
inconsciente del segundo que me lanza, lentamente, a la caída,
yo mixturo letras, letras infantiles, anárquicas, torpes,
letras que divagan y mienten, letras sin ayer ni mañana
porque las llevo escritas en la piel, en el corazón y en el silencio.
Quisiera un alud cuajado de historias sin futuro,
nada significa la verdad de otro si no hay un roce,
una comunión o un desengaño. De mármol y acero
mis vivencias sin sombra, vestidas de suspiros y humo.
Le diré al tiempo, que vive en mí una inmortalidad
que no es la de las fotografías, ni la de las estatuas
ni la de los vídeos furtivos. Una inmortalidad
que fluye con la sangre y amenaza al rutinario existir
con su locura. En ella está la savia gris de la especie.
Sabed, amigos míos, que sois inmortales.
Tal vez lo descubráis un día en la breve lucidez
de un pensamiento.
Dios de agujas y arenas, microscópico ser,
rutina que gotea una luz sombría. Yo le diré
que mi vida está guardada bajo la nieve,
le diré que lo efímero es un jardín de flores inolvidables,
que un soplo de quietud, el éxtasis de un beso,
el sol de la experiencia, el amor entregado
sobreviven al eclipse, al sudor de la piedra,
al maldito puñal de las horas.
En este singular instante en que respiro tiempo,
inconsciente del segundo que me lanza, lentamente, a la caída,
yo mixturo letras, letras infantiles, anárquicas, torpes,
letras que divagan y mienten, letras sin ayer ni mañana
porque las llevo escritas en la piel, en el corazón y en el silencio.
Quisiera un alud cuajado de historias sin futuro,
nada significa la verdad de otro si no hay un roce,
una comunión o un desengaño. De mármol y acero
mis vivencias sin sombra, vestidas de suspiros y humo.
Le diré al tiempo, que vive en mí una inmortalidad
que no es la de las fotografías, ni la de las estatuas
ni la de los vídeos furtivos. Una inmortalidad
que fluye con la sangre y amenaza al rutinario existir
con su locura. En ella está la savia gris de la especie.
Sabed, amigos míos, que sois inmortales.
Tal vez lo descubráis un día en la breve lucidez
de un pensamiento.
sábado, 5 de octubre de 2019
Analítica sensorial
Vista:
Película que no acaba,
espejo de la vida en pasos dormidos,
cercanía de lugares que rebotan en mí,
la eternidad en un segundo de paz
cuando los ojos se abren a la luz
Tacto:
La huella del frío o del calor no sirve,
áspera la lija o el esparto,
suave la seda y el algodón,
desnuda tu piel se entrega a la caricia
donde mueren, al fin, mis dedos.
Olfato:
Tu perfume me provoca un aullido en la memoria.
El olor de un seno tan próximo,
el humo en las costillas incubando noche,
el aroma salino de un mar en calma,
un pan recién horneado entre las manos.
Gusto:
Dulce tu pezón como leche que mana,
acre el sabor de la mentira,
agrio el poso de la sangre en la boca,
picor del ovillo que oculta tu vientre.
Oído:
Se adivina tu ser por los tacones ágiles,
voces de mercurio, motos que invaden la luz
con estrías de carámbano,
música que escucho a solas
en una habitación sin alma,
el murmullo de los espejos,
el silbido del hombre libre.
Película que no acaba,
espejo de la vida en pasos dormidos,
cercanía de lugares que rebotan en mí,
la eternidad en un segundo de paz
cuando los ojos se abren a la luz
Tacto:
La huella del frío o del calor no sirve,
áspera la lija o el esparto,
suave la seda y el algodón,
desnuda tu piel se entrega a la caricia
donde mueren, al fin, mis dedos.
Olfato:
Tu perfume me provoca un aullido en la memoria.
El olor de un seno tan próximo,
el humo en las costillas incubando noche,
el aroma salino de un mar en calma,
un pan recién horneado entre las manos.
Gusto:
Dulce tu pezón como leche que mana,
acre el sabor de la mentira,
agrio el poso de la sangre en la boca,
picor del ovillo que oculta tu vientre.
Oído:
Se adivina tu ser por los tacones ágiles,
voces de mercurio, motos que invaden la luz
con estrías de carámbano,
música que escucho a solas
en una habitación sin alma,
el murmullo de los espejos,
el silbido del hombre libre.
viernes, 4 de octubre de 2019
A partir de hoy
A partir de hoy seré tu androide.
Por piel un pedazo de latón, por rostro una mueca
que alterna colores, por movimiento la elipse
que repito infinita
sin que nada me perturbe.
Hablaré con voz fría,
voz metálica,
voz servil de eunuco,
pondré mi mejor sonrisa entre dos sílabas de hierro.
Guardaré en mi interior
un corazón de aluminio
que reluzca al fondo de mi tórax;
jamás diré miedo,
ni piedad,
ni alegría.
Si te extraña lo que digo
entiende que mis luces
son semáforos racionales;
que no te haré sufrir
ni me podrás amar,
que te serviré como perro fiel
hasta que mueras.
Por piel un pedazo de latón, por rostro una mueca
que alterna colores, por movimiento la elipse
que repito infinita
sin que nada me perturbe.
Hablaré con voz fría,
voz metálica,
voz servil de eunuco,
pondré mi mejor sonrisa entre dos sílabas de hierro.
Guardaré en mi interior
un corazón de aluminio
que reluzca al fondo de mi tórax;
jamás diré miedo,
ni piedad,
ni alegría.
Si te extraña lo que digo
entiende que mis luces
son semáforos racionales;
que no te haré sufrir
ni me podrás amar,
que te serviré como perro fiel
hasta que mueras.
jueves, 3 de octubre de 2019
¿Quién soy ahora?

Oye la palabra muda,
la que se vierte en el silencio para ti.
De las cosas no puedo decir su patria,
me acompañaron como si solo conocieran el naufragio de mis manos,
la caricia que un recuerdo posa en el rostro enmohecido.
Más allá, en el esplendor de la isla
dejé otra isla donde ya no volverá a oírse mi voz.
Me gusta el canto de la lluvia,
su rumor constante de violines húmedos,
de gotas sin nombre en la desmemoria de los pájaros.
Y si llueve veo como un surco nace en el óvalo de tu cara,
rotos los visillos, reflejo de luna líquida
en el crisol de tus mejillas.
A veces imagino árboles que alimentan el caudal del río,
lloran y el musgo es un pañuelo que suda su dolor.
¿Quién soy ahora?
Soy el icono del mar en un poster,
soy la música de las golondrinas en una cruz móvil,
soy el espejo donde vive la sombra.
Soy un número, un delfín, una nube, una herida.
Soy el aire que tú expeles después de nutrirte,
el corazón sin luz que ansía la noche esdrújula,
el muro que edifica para ti
el guardián del olvido.
miércoles, 2 de octubre de 2019
Ya estás aquí

Ah!, qué habitación, océano de color.
Un mar entre grecas y paredes,
horizonte de alcayatas, madre oruga,
mosca amiga que ronronea ávida de azúcar,
y el vigor arácnido, telar en la cornisa,
en el duro zócalo que fue divinidad engalanada,
hormigas en rombo, hormigas como un seductor anuncio
de portátiles sherpas en la jungla perdida de un oasis.
Merodea el moscardón la calva del abuelo,
surge la mariposa entre las voces
y columpia la estratagema que cualquier palabra esconde.
Labora la araña en la esquina del ventanal,
en el televisor Spiderman va soltando
redes de nylon sobre edificios virtuales.
¿Dónde el carábido, la pulga de Laika,
tu pata orante que hierve en mi sexo?
Ya estás aquí, querida Mantis
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