martes, 9 de junio de 2015
lunes, 8 de junio de 2015
Fragmento de "La mujer rota" de Simone de Beauvoir.
"Mi primer encuentro con la muerte, cómo lloré. Después lloré cada vez menos: mis padres, mi cuñado, mi suegro, los amigos. También eso es envejecer. Tantos muertos detrás de uno, echados de menos, olvidados. A menudo, cuando leo el diario, me entero de una nueva muerte: un escritor querido, una colega, un viejo colaborador de André, uno de nuestros camaradas políticos, un amigo perdido de vista. Uno debe sentirse extraño cuando queda, como Manette, como el único testigo de un mundo abolido".
domingo, 7 de junio de 2015
Duermevela sin ti
Me da miedo esa luz que no calla.
Son las horas del silencio
el pálido reflejo de una ausencia.
Si tú quisieras, si los labios
como un furor de cristales
hablaran lentos, dulces,
en flor igual que niños sin cédula,
ojerosos por la pátina
de ese corazón que se entrega al vacío
y lame la aventura de ser crisol
en los ojos limpios del abrazo.
Así te sueño
en la melancólica penumbra del solaz paraíso
con los párpados yacentes y las grecas caídas,
con el terrible insomnio de los espejos
y el pavor imposible de las arañas rotas,
con la memoria de un ayer desvanecido
que atraviesa el mar que no conoces
para envolver tu orilla de caracolas azules,
de susurros tránsfugas.
Estás en los objetos que no existen
porque hay alma en el perfil
de lo que quisiera vivo.
Alli colgaré el manantial de la risa,
tus palabras como campanillas
que reverberan en los zócalos heridos,
tus ojos transparentes de tanto sentir mi ansia,
tus manos que se desdoblan
como ávidos murciélagos
en el sinfín de la mirada.
Jamás será tan poderoso el fruto del dia.
Y si el devenir desarraiga con su desdén la lujuria
y nos convierte en palidez y desamor,
recuerda que en los besos del aire
nuestros nombres sin patria
viajarán hacia el olvido
o hacia la eternidad.
sábado, 6 de junio de 2015
La lluvia en mi
En el rastro de la humedad mi corazón pervive.
Cada noche el agua es un cromo sin regreso,
un arco iris dulce en mis ojos sin mar.
Sé del camino
donde los soportales sueñan místicos arrobos,
sé del color perdido entre hojas de acanto
-la luna atisba como un círculo vibrante
en la coruscante niebla de la luz-.
Y prosigo con mi collar de sueños
hacia la incombustible desidia del perfil,
entregado a las guirnaldas
que no pueblan el misterio.
¡Ah! ¡si! la música y sus secretos,
la claridad de los vocablos
entre risas
y el duro ejército de las mesas,
la sonoridad agreste del invierno
retumbando en el licor
que pervierte la melancolia
con rojos labios de desdén.
Y continúa
el devenir inconcluso de las gotas
con su pálpito de ángeles mojados;
y continúa
el lloro de mi impermeable azul
sobre la luz gastada.
Cada noche el agua es un cromo sin regreso,
un arco iris dulce en mis ojos sin mar.
Sé del camino
donde los soportales sueñan místicos arrobos,
sé del color perdido entre hojas de acanto
-la luna atisba como un círculo vibrante
en la coruscante niebla de la luz-.
Y prosigo con mi collar de sueños
hacia la incombustible desidia del perfil,
entregado a las guirnaldas
que no pueblan el misterio.
¡Ah! ¡si! la música y sus secretos,
la claridad de los vocablos
entre risas
y el duro ejército de las mesas,
la sonoridad agreste del invierno
retumbando en el licor
que pervierte la melancolia
con rojos labios de desdén.
Y continúa
el devenir inconcluso de las gotas
con su pálpito de ángeles mojados;
y continúa
el lloro de mi impermeable azul
sobre la luz gastada.
Una cita de Antonin Artaud
"Yo he elegido el terreno del dolor y la sombra como otros eligen el del resplandor y el de la acumulación de la materia.
Yo no trabajo en la extensión de ningún terreno.
Sólo trabajo en la duración".
Yo no trabajo en la extensión de ningún terreno.
Sólo trabajo en la duración".
jueves, 4 de junio de 2015
Conócete

Hay una profunda sombra en el espejo.
Te miras como un duende sin pasado,
te vuelcas en la orilla del azogue, desnudo
de ayer, y te crees un príncipe en la aurora.
Que llueva la lucidez en tu canto gris, que
la hojarasca descubra sus hilos de angustia,
que se revele, al fin, la exactitud de tu miedo.
miércoles, 3 de junio de 2015
La huella
Lo que imagino no es un nuevo color
ni un aire distinto ni otras voces calladas.
Lo que imagino ya está aquí,
en el rostro de los edificios,
en las calles sin lengua,
en la piel de este mar que late.
El regreso es una canción olvidada,
su huella desvanecida titila en la sombra
como un caracol perdido.
Solo la raiz de la memoria dibuja un crepúsculo
en la vaga presencia de los lugares conocidos
que desoyen lo frágil de los paraisos sin eco
más allá de la alegría de saberse hoy
en el reencuentro mágico de un eclipse.
Hay en mis olas un refugio
que aviva con su sed
los desnudos ejes del pasado.
No basta con descubrir la luz perdida
en los labios de la madre,
ni el estalllido del perfil
cuando la figura jamás olvidada
vuelve a ocupar su halo
entre la multitud rota.
No, no basta con el hilo que me acerca a la penumbra,
ni la somnolencia que barre de los ojos
el ansia y el deseo de no ser yo
o ser piedad.
Sin la deriva no existe
la mágica esperanza del retorno.
Yo sé que en mi ya estaba tu voz
como un recuerdo indeleble
de sangre y lujuria,
como las luces de una ciudad
que parpadean
bajo la niebla azul del solsticio.
ni un aire distinto ni otras voces calladas.
Lo que imagino ya está aquí,
en el rostro de los edificios,
en las calles sin lengua,
en la piel de este mar que late.
El regreso es una canción olvidada,
su huella desvanecida titila en la sombra
como un caracol perdido.
Solo la raiz de la memoria dibuja un crepúsculo
en la vaga presencia de los lugares conocidos
que desoyen lo frágil de los paraisos sin eco
más allá de la alegría de saberse hoy
en el reencuentro mágico de un eclipse.
Hay en mis olas un refugio
que aviva con su sed
los desnudos ejes del pasado.
No basta con descubrir la luz perdida
en los labios de la madre,
ni el estalllido del perfil
cuando la figura jamás olvidada
vuelve a ocupar su halo
entre la multitud rota.
No, no basta con el hilo que me acerca a la penumbra,
ni la somnolencia que barre de los ojos
el ansia y el deseo de no ser yo
o ser piedad.
Sin la deriva no existe
la mágica esperanza del retorno.
Yo sé que en mi ya estaba tu voz
como un recuerdo indeleble
de sangre y lujuria,
como las luces de una ciudad
que parpadean
bajo la niebla azul del solsticio.
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