En su corona ocre dientes de caliza
y en el suelo de las calles iris de cristal.
Las playas delgadas como un labio,
lágrimas de peces sobre la espuma,
tu voz dulce que asoma como un canto.
La nostalgia y el futuro en fría exposición
mientras el lenguaje se mixtura en ecos
de un babel sin límites.
La luz aquí es un árbol que derrama frutos dorados,
en los balcones la quietud, en las rúas la piel
que se abre al sol como un pétalo
de nácar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario