Te regalé muchos ramos de rosas rojas.
Y un vestido de Armani.
Y un fin de semana en Londres.
Y unos pendientes estilo art noveau
-de oro y piedra preciosas-.
Pero aunque los aceptabas
-quién no-
tú en el fondo no querías mis regalos.
Lo que tú querías era a alguien
musculoso, jovial, con gustos
actuales: reguetón, una buena película
de Torrente, cinco horas de gimnasio
al día…
Yo en cambio te hablaba de Torrente
-pero de Torrente Ballester-
de poesía, del cine de la Nouvelle Vague,
de la música de los ochenta
y los noventa…
Qué aburrido, dijiste.
Al fin comprendí que no estábamos hechos
el uno para el otro
y que el amor no se compra.
Aunque eso fue después de tragarme
la discografía completa de Bad Bunny,
toda la saga de Torrente
-no me refiero claro está ni a los gozos y las sombras
ni a la saga fuga de J.B.-
y de aguantar como pude
dos meses intensivos
de gimnasio.
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