Infinito contorno que perfilas mi existir,
muda como una hoja perennemente reseca,
en tu acecho hay una doblez de páramo
en el oasis de la templanza, juntos nacemos
y morimos igual que esquejes de un árbol
que brotó único, en la lejanía del bosque,
no eres carne ni alma, no eres la flor alegre
que ilumina mi ser con voz de pájaro feliz,
pero siempre estás ahí como una sombra
que acude cuando nadie me escucha, solo
tú que nada dices después de que el dolor
asome con su rayo de luz inagotable eres
fiel, con tu presencia, al destino que cumplo.
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