Soy un hombre de rutinas.
A las nueve en punto de pie.
La gimnasia matutina, el café cargado,
un poco de lectura y antes de comer
el vermú en una terraza.
El almuerzo frugal, una siesta breve,
más lectura, un rato de tele
y un par de vinos en el Mesón de mi calle.
Por la noche la soledad y yo cenamos juntos.
Y así cada día.
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