No sé si es que me odia
o simplemente
necesita un hogar nuevo.
Si le hablo con cariño se irrita y muerde.
Es cruel y despiadada.
Es como una aguja al rojo vivo
que no cesa de clavarse en mi interior.
Siempre con sed, a menudo aúlla como un lobo fiero.
Le puse un nombre a mi fiel animal de compañía: “Esclavitud”.
Y así seguimos, ella creciendo en mí,
yo aguantándola,
como dos esposos sin paz,
hasta que la muerte
nos separe.
No hay comentarios:
Publicar un comentario