Es la hora del Cuco, la letanía del péndulo en la ojiva,
el duelo de las agujas bajo el cristal, de haya o de caoba
su carne, de porcelana el fondo, la coreografía de los números
y el oro de las saetas, el carcaj omnisciente de las horas,
el sonido de un corazón sin alma y el canto del Cuco como
una risa triste que no volveré a oír si ya está aquí la eterna noche.
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