Es preferible el intenso que muere de su propio estallido,
el pausado se estanca como un agua negra en el corazón
que ya no sabe palpitar de alegría, a menudo nos roba
el sueño con su artificio de dolor, jamás finge ternura
cuando la soledad es un pozo donde nadan los recuerdos
que azotan el tranquilo acontecer de los días, pone lágrimas
en los pómulos como flores de un jardín marchito; son alfileres
que hincan su sed en las venas con el argumento hostil de la culpa,
solo el perdón anunciará su ausencia si llega hasta mí su mano salvadora.
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