Que nunca me falten las ganas
de morder el corazón de la vida.
Que llore o que ría,
que sufra si es necesario.
Que la ilusión crezca en mí
como una ola irrefrenable.
Que el pavor no invada con su ácido mortal
la luz que ilumina la negrura de mi noche.
Que sienta como un sueño sin fin
todo lo que a mí me ocurrirá
y me ocurre.
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