Fueron la derrota de la armonía al abrirse lejos del cauce
íntimo por donde circula la sangre entre impulsos de azar,
la herida dejó una línea en la piel como un largo
aullido de agonía, son ciudades de muros ocres,
látigos que aún zigzaguean en el tapiz de la epidermis,
sonrisas tristes que reproducen símbolos únicos
en el mapamundi de un cuerpo que ya no es ese
territorio virginal donde amaneció la infancia,
solo el que ha vivido sabe que en cada cicatriz
hay todavía rosas que con la luz del ocaso florecen.
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