Nunca vi los pasillos como túneles,
había luz de antorchas
y el olor puro de la carne tierna.
Logré salir al mar, la noche clara,
el corazón virgen.
Y navegué a la deriva
pero una luz me condujo
de vuelta a la isla.
En el laberinto estabas tú, esperando.
Entonces comprendí que lo único real era mi hambre.
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