Ondula su eje, gira, enhebra el aire y es armonía
que en elipse traza círculos de ansiedad, cubre la piel
alba una blonda y un canesú de orlas que caen como hilos
dorados de carnaval, el torso se anuda para que los pechos
brillen en lo alto con el haz de un sol amante, en la zancada
dos alas de ángel, en los brazos que comban la luz una letanía
de perlas y nácar, alzándose en arpegio índices que dibujan
vuelos de pájaro sobre nubes carmesí, su capacidad de romper
las estrías del aire, su levedad que transita entre rosas de luz,
su infantil voltereta que extiende el volumen de su falda azul,
los pies desnudos, la cintura con pendientes que cuelgan al ras
de la enagua; cómo su delgadez abre las piernas en manantial
de arcos meciéndose con el baile insólito que no necesita el ardid
de una música vivaz, en el discurrir la mística fluye con símbolos
que claman al son de un canto interior, el cuello erguido, la mirada
fija, el sudor blanco que cae indómito, la locura y el éxtasis,
el pábilo en los ojos, sin saber el porqué ni el nombre, la dirección,
quién invoca a su intransitable danza si todo es paz bajo las hojas
de estos árboles que han dejado de oscilar con el viento de abril.
No hay comentarios:
Publicar un comentario