Ha sido tan leve el anuncio de que algo de pronto rompe
en la luz como una gracia, así se muestra bajo el sol ambiguo,
en un destello o quizá en una sombra vivaz que irrumpe
entre la quietud y el ansia, sin preaviso, un parpadeo
inconsciente porque el misterio alza columnas de asombro
en los iris, analogías con el fuego a punto de volverse llama,
circunferencias al fin cumplidas como en un presagio
de luna llena, razones que existen en el aire y en la palabra,
aunque se digan para dentro, sin énfasis, con la naturalidad
del manantial que brota al unísono y fluye a idéntico ritmo,
como si fuese la arena de un reloj que filtra diminutos granos
de tiempo a la vez, y en su caída interior halla un sol,
tan igual al que tú reconoces en tu propio corazón,
víctimas los dos de esa música que acompaña
a la edad y que nadie quiere ver en los espejos.
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