Tú y yo los únicos pasajeros
en el vagón de un tren de cercanías.
Ningún cliente mas que tú y yo
en el bar donde nos tomamos unas cañas.
Por la calle nadie
-solo tú y yo-
en los cien metros
que había hasta tu casa.
Y ahí fue que de pronto
se nos unió
-a ti y a mí-
lo que sería después
el inefable
olvido.
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