sábado, 21 de febrero de 2026

Miénteme

 

Un día aprenderás a cambiar el color de las flores,

nace el arrullo del canto más cruel mientras tú imitas

la albura que ha vertido la nieve en el cauce rocoso de mi nombre.



Yo sé que hay alas de ángel en tu verbo y que maquillas el rojo

para que no vea la sangre arder cuando la derrota provoque en mí

un ascua que licue en púrpura la fiebre que en mis ojos lagrimea

como un mástil de dolor en el navío del fracaso.



Y no es piedad tu larga cabellera de amor, no hay espadas o fusiles

que desde tu boca me inviten al delirio, no coses la seda del mal

a mi piel desnuda, toda tú eres palabra cándida que voló con los pájaros

de la infancia para dejar su sombra en mi jardín de estío.



Como un eclipse que adormece la luz del sol en el desierto de mi alma,

como si en el encaje de un hemistiquio tú fueras la palabra feliz

que ya no aviva el tizón del desencanto

honras el círculo de mi existir con la infantil canción de la mentira.



Miénteme hasta el fin, que nunca vea en mi espejo cómo crecen

los estériles cabellos de la congoja

aunque el precio sea desconocerme o negar lo que soy

bajo la claridad de una luz

-que yo lo sé-

iluminará a otro.

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