viernes, 3 de junio de 2016
Inicio de "El principito" de Antoine de Saint- Exupéry
“Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba “Historias vividas”, una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera.”
Como esa polilla que nunca vuela
Aquí, en el espacio mínimo que nos contempla,
en la bombilla insensata,
en el sudor del cristal,
en cada paso sobre mí,
en la desnudez de un reloj que no me sorprende
está tu incansable amor a los sueños y a tu ser:
un don que escribe en el día mariposas
y deja un hálito de nieve en la memoria.
Tú no sabes-la primavera te viste con tirabuzones rubios
y enigmas sin interrogación-
que la armonía de los pájaros
se escribe en un cielo sin panteras,
amable como un jardín arcano,
imberbe como el tañido de la rendición
que subyuga a los gusanos infantiles.
Te veo y te admiro, reflejada en ti,
sobre un dintel que no cesa de añorar
los ojos abstractos de un cuadro desvaído;
el de tus incendios, el que apenas muere,
el anzuelo que un progenitor abandona en tu lágrima
sin esperar razón, ni llama ni aventura.
Y volarás para mí en el día perpetuo,
en el cristal que tantas veces te negó,
en el astro que te bendice,
en la historia que no construimos
bajo el cascabel de un solo eco,
un solo corazón de medianoche.
en la bombilla insensata,
en el sudor del cristal,
en cada paso sobre mí,
en la desnudez de un reloj que no me sorprende
está tu incansable amor a los sueños y a tu ser:
un don que escribe en el día mariposas
y deja un hálito de nieve en la memoria.
Tú no sabes-la primavera te viste con tirabuzones rubios
y enigmas sin interrogación-
que la armonía de los pájaros
se escribe en un cielo sin panteras,
amable como un jardín arcano,
imberbe como el tañido de la rendición
que subyuga a los gusanos infantiles.
Te veo y te admiro, reflejada en ti,
sobre un dintel que no cesa de añorar
los ojos abstractos de un cuadro desvaído;
el de tus incendios, el que apenas muere,
el anzuelo que un progenitor abandona en tu lágrima
sin esperar razón, ni llama ni aventura.
Y volarás para mí en el día perpetuo,
en el cristal que tantas veces te negó,
en el astro que te bendice,
en la historia que no construimos
bajo el cascabel de un solo eco,
un solo corazón de medianoche.
martes, 31 de mayo de 2016
Retrato de hombre maduro ante un paisaje
Hoy me enfrento a mí
aunque el mar no reconozca
las huellas de la virginidad
y el cielo sea un pájaro
que nunca acaba de asomar
en mi incertidumbre.
Veo más allá de esta playa el sinuoso edificio que construí
con los pasos inversos y la lucidez tardía de los trenes que pasan.
¿Qué río es mi sombra,
cuál águila ya no planea sobre el lienzo infantil
de los ojos menudos?
Qué calma la de este otoño,
lamen las olas su cántico,
los pinos se comban heridos
por el aire que longevo no detiene su látigo.
Mis recuerdos se parecen al azul que nunca existió,
al rombo que apacigua el candor de la noche,
a ti cuando me hablas y no soy yo el pretérito que sueñas.
aunque el mar no reconozca
las huellas de la virginidad
y el cielo sea un pájaro
que nunca acaba de asomar
en mi incertidumbre.
Veo más allá de esta playa el sinuoso edificio que construí
con los pasos inversos y la lucidez tardía de los trenes que pasan.
¿Qué río es mi sombra,
cuál águila ya no planea sobre el lienzo infantil
de los ojos menudos?
Qué calma la de este otoño,
lamen las olas su cántico,
los pinos se comban heridos
por el aire que longevo no detiene su látigo.
Mis recuerdos se parecen al azul que nunca existió,
al rombo que apacigua el candor de la noche,
a ti cuando me hablas y no soy yo el pretérito que sueñas.
lunes, 30 de mayo de 2016
El fingidor
Una vez vi tu extremidad de niño alegre
concebir un juego, una máscara, el futuro.
Así es la verdad, no llama a duendes
ejecuta el canto de un ángel mudo,
se divide en labios,
habla como un sonámbulo
de sus cosas en flor.
En la costumbre de un ser o no ser
valen más las horas que se habitan,
un laberinto que solo su dueño conoce.
Me busco en la sed de tus mentiras,
un columpio sin regreso,
la oscura tentación del abismo.
Si quieres que la negritud sea un manto,
arroja la palabra imperfecta
en la ternura de lo cotidiano.
No existen reflejos
que amamanten el absurdo silencio de la culpa.
Comprende que sobrevive en ti un dios diminuto
que es paso,
una luz que aún no has visto
pero que te posee como un ejército de serpentinas
que abrirán tus ojos a un mañana
que se dibuja en mí para poblarte
con el don de la dignidad
que empieza a asomar en tu noche.
concebir un juego, una máscara, el futuro.
Así es la verdad, no llama a duendes
ejecuta el canto de un ángel mudo,
se divide en labios,
habla como un sonámbulo
de sus cosas en flor.
En la costumbre de un ser o no ser
valen más las horas que se habitan,
un laberinto que solo su dueño conoce.
Me busco en la sed de tus mentiras,
un columpio sin regreso,
la oscura tentación del abismo.
Si quieres que la negritud sea un manto,
arroja la palabra imperfecta
en la ternura de lo cotidiano.
No existen reflejos
que amamanten el absurdo silencio de la culpa.
Comprende que sobrevive en ti un dios diminuto
que es paso,
una luz que aún no has visto
pero que te posee como un ejército de serpentinas
que abrirán tus ojos a un mañana
que se dibuja en mí para poblarte
con el don de la dignidad
que empieza a asomar en tu noche.
sábado, 28 de mayo de 2016
El perdón
Esta espina es demasiado vieja.
¿Ha perdido, quizá, la esencia del dolor,
su mensaje certero de dardos silenciosos,
la turbia mansedumbre de una luz
que apunta a la noche más frágil?
Toda herida sucumbe al sueño.
Tú me dijiste: “hay algo en tu interior que no es puro,
deja que tu boca escriba las palabras del miedo
sobre la túnica fósil del perdón”.
Pero no es así, madre,
porque las llagas gotean
como fuentes de insania
y no existen latidos blancos
que laven la injusticia de una culpa de plomo.
Tú también deberías saberlo, padre mío.
En ti, en tu formación de juez
hay islas en las que náufragos de la desesperanza
encontraron un puerto amable.,
una historia de comprensión y sabiduría, un fiel
que iguala los destinos
y les da calor y equidad.
Pero no para mí, padre.
Para mí esa venda
que enciende círculos nocturnos
en la adolescencia sin mácula.
Para mí el ahogo de imaginarme destino fatal,
huella voraz que exige un trozo de ternura
o un sacrilegio que condene al instinto
y lo vista de podredumbre y suciedad.
¡Qué infinita equivocación,
qué extraño cepo que soñasteis flor me aprisiona,
qué dormida serpiente queréis despertar
en mis ojos, en mi faz, en mi aliento!
Con los años mi voz humana ha encallecido
como una roca hostil, ajena al viento, a la lluvia
y a la indiferencia del sol.
Soy, al fin, un hombre que os comprende,
que os ama como se ama al dolor que nace a la vida
para que sea luz lo que un día fue calígine,
para que el abismo en su profunda sima
se vuelva relámpago, misterio, esperanza que aúlla.
¿Ha perdido, quizá, la esencia del dolor,
su mensaje certero de dardos silenciosos,
la turbia mansedumbre de una luz
que apunta a la noche más frágil?
Toda herida sucumbe al sueño.
Tú me dijiste: “hay algo en tu interior que no es puro,
deja que tu boca escriba las palabras del miedo
sobre la túnica fósil del perdón”.
Pero no es así, madre,
porque las llagas gotean
como fuentes de insania
y no existen latidos blancos
que laven la injusticia de una culpa de plomo.
Tú también deberías saberlo, padre mío.
En ti, en tu formación de juez
hay islas en las que náufragos de la desesperanza
encontraron un puerto amable.,
una historia de comprensión y sabiduría, un fiel
que iguala los destinos
y les da calor y equidad.
Pero no para mí, padre.
Para mí esa venda
que enciende círculos nocturnos
en la adolescencia sin mácula.
Para mí el ahogo de imaginarme destino fatal,
huella voraz que exige un trozo de ternura
o un sacrilegio que condene al instinto
y lo vista de podredumbre y suciedad.
¡Qué infinita equivocación,
qué extraño cepo que soñasteis flor me aprisiona,
qué dormida serpiente queréis despertar
en mis ojos, en mi faz, en mi aliento!
Con los años mi voz humana ha encallecido
como una roca hostil, ajena al viento, a la lluvia
y a la indiferencia del sol.
Soy, al fin, un hombre que os comprende,
que os ama como se ama al dolor que nace a la vida
para que sea luz lo que un día fue calígine,
para que el abismo en su profunda sima
se vuelva relámpago, misterio, esperanza que aúlla.
"Si un hombre pudiera decir lo que ama" un poema de Luis Cernuda
Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.
Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.
Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero, porque no he vivido.
jueves, 26 de mayo de 2016
Aquel hilo que un día nos unió
Lo que ya no soy se escribe en metáforas.
La luz en la luz es un libro abierto,
tu voz en mi voz un suburbio sin amparo.
Ese color, otro color, la palabra, el tacto, la mirada del instante...
Mis rodillas en las tuyas como un arco iris sin espejos,
el incendio que nadie contempla bajo las arcadas de la noche.
El arbitrio de la lluvia
cuando cae, cae y cae como el alud.
Tu éxtasis que no adiviné,
junto a qué música, en qué vaso de licor,
en cuál siniestro círculo de camaradería y adiós.
Mis horas que son blancas como la nube en las manos.
De ti a mi la franja de un reloj es infinita,
te mido en huellas,
en vacíos que invocan a los días futuros
con la falsedad de los sueños.
Arde un mar diminuto en mi bolsillo,
el aire cruje cuando muere la decisión
de no presentir una llamada en la penumbra.
Así son los lobos del tiempo,
voraces, esquivos, indolentes
igual que estigmas que se abaten sin un dios ni una raíz.
La luz en la luz es un libro abierto,
tu voz en mi voz un suburbio sin amparo.
Ese color, otro color, la palabra, el tacto, la mirada del instante...
Mis rodillas en las tuyas como un arco iris sin espejos,
el incendio que nadie contempla bajo las arcadas de la noche.
El arbitrio de la lluvia
cuando cae, cae y cae como el alud.
Tu éxtasis que no adiviné,
junto a qué música, en qué vaso de licor,
en cuál siniestro círculo de camaradería y adiós.
Mis horas que son blancas como la nube en las manos.
De ti a mi la franja de un reloj es infinita,
te mido en huellas,
en vacíos que invocan a los días futuros
con la falsedad de los sueños.
Arde un mar diminuto en mi bolsillo,
el aire cruje cuando muere la decisión
de no presentir una llamada en la penumbra.
Así son los lobos del tiempo,
voraces, esquivos, indolentes
igual que estigmas que se abaten sin un dios ni una raíz.
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