martes, 24 de mayo de 2016

Mi rostro



Es un mapa que solo yo comprendo,
el iris vio renacer soles y penumbras,
cánticos donde el color hería la pupila
o quizá le daba ser.

No he contado esas preguntas
que en mi frente se agrietan como islas,
tampoco he sentido en mis labios
la humedad simple de la alquimia,
los ejes del amor, los círculos del sexo.

En mis cejas las montañas son recuerdos,
basalto y nieve, cumbres que el pensamiento visita
cuando la noche se calma.

En mi perfil no hay batallas,
solo la incertidumbre
como una llave que alguien robó
de mi suerte.

Si el espejo me mira
le digo que no soy yo.

Mi rostro es un delta donde los ríos fluyen,
una alcantarilla sin formas,
el delirio de la piel que se aja
como la esfera de un reloj que cae
sobre sí o sobre la herida
del único devenir que me precede.

lunes, 23 de mayo de 2016

Los veranos no son para mí



Si abriera mis venas no surgiría nada.
Yo que soy la pulpa de lo ido, el
corazón agridulce de los vertederos.
¡Cuál sería mi sangre sin los pasos,
las huellas, el uniforme que el tiempo
dicta sobre la piel! Una cálida amapola
me recuerda que aún existen veranos
en la luz, ¿en qué luz?, ¿en qué agosto
azul sin este cuerpo que tirita?

sábado, 21 de mayo de 2016

La desconocida

Otras palabras serían las mismas
bajo la lluvia de este lunes imperfecto.

Esta vez el traqueteo de las vías
suena a un corazón perdido,
esta vez hay un espacio informal
donde no existe el roce de los músculos perennes.

¿Qué hora es si en la noche cerrada
de pronto las palomas se agitan
y el cuervo se aleja a picotear en los campos del sueño?

Te invito a desnudar un diálogo,
a descubrir los mapas insondables de ti y de mí,
a la locura de un café que sobrevive en una taza rota.

Lo que diga yo o lo que digas tú, muere.

Mañana otros grillos cantarán
sobre tus huesos de plata,
no sera tu sombra el eclipse de los jardines nuestros,
nadará tu esqueleto en aulas perdidas
como un río que deja atrás su sol ennegrecido,
su deriva en unos ojos que huyen.

Fragmento de "El lector" de Bernhard Schlink

«Años más tarde comprendí que lo que había cautivado mi mirada no había sido su figura, sino sus posturas y sus movimientos. Durante un tiempo, cada vez que tenía novia le pedía que se pusiera medias, pero no me apetecía explicar el motivo de mi ruego, revelar el enigma de aquel encuentro entre la cocina y el pasillo. Así, todas entendieron mi ruego como un capricho, una afición a la ropa interior picante, una extravagancia erótica, y cuando complacían mi deseo, se deshacían en poses coquetas. Y no era eso lo que había cautivado mi mirada. Ella no posaba, no coqueteaba. Tampoco recuerdo que lo hiciera ninguna otra vez. Recuerdo que su cuerpo, sus posturas y sus movimientos me parecían a veces torpes. No es que fuera torpe. Más bien parecía que se recogiera en el interior de su cuerpo, que lo abandonara a sí mismo y a su propio ritmo pausado, indiferente a los mandatos de la cabeza, y olvidara el mundo exterior. Fue ese mismo olvido del mundo lo que vi en sus posturas y movimientos al ponerse las medias. Pero entonces no era torpe, sino fluida, graciosa, seductora; una seducción que no emanaba de los pechos, las piernas y las nalgas, sino que era una invitación a olvidar el mundo dentro del cuerpo.»

viernes, 20 de mayo de 2016

Sin vuelo

Callan los pájaros en mí,
qué prisión de alas me contempla,
de qué horizonte no supe partir,
en dónde el confín
que ya no es sueño.

jueves, 19 de mayo de 2016

Habitación cerrada

Un suceso y otro.

Una mirada que es olvido,
un objeto que amorosamente depositaste
en la mesa de mármol.

La palabras que convivieron
en la silenciosa magia de un día,
la luz que parpadea como un artilugio de nombres
sin cáliz.

Son años de alcanfor y tiniebla,
armarios vencidos por el peso de historias inacabadas,
espejos que desnudan la costumbre
de saberse una verdad en el cristal.

Cada imagen exhibe en su aurora
la marca de un acto,
nada-ni mi cuerpo ni mi ausencia-
conmemora hoy su dibujo de galaxia
en mi horror desnudo.

Que lluevan telarañas
no es un ejemplo de ternura,
quiero abrir las ventanas,
que el aire penetre como un aullido
que imagina un sol bajo la nieve,
una pregunta sin padre,
una aurora que nazca en mis bolsillos.

martes, 17 de mayo de 2016

La emoción contenida

Yo me la tragué porque desconocía su dominio,
el ángel que despliega sus alas inmortales.

Como un río,
como otro río que añora un cauce
comprendí su atmósfera, su nido y su flor.

Pero no quise que la razón golpeara los sueños
ni el resplandor de un grito me devolviera a la noche.

Vive en mí su latido como una hembra loca,
se multiplica su instante
aunque detrás de mis párpados
nadie vea su estallido.

Me conmueve el rocío de la tarde,
tu sonrisa y tu gesto de ave
perdida.

En la artificiosidad de un film
reconozco mis cicatrices,
la historia de un niño que llora en una esquina
sin comprender la injusticia del mundo.

Doy gracias porque en sus racimos
yo encuentro mi sentir,
cada vida, cada ser,
cada ocaso que muere y no muere
son la anilla que me ata a la plenitud
para que el sentido de las cosas
me devuelva unas coordenadas de luz,
un motivo para quererte.