miércoles, 22 de junio de 2022

Cáscaras

 

Son como paraguas de amor,
se cierran sobre la pulpa, el fruto,
el germen, nos ocultan la fragilidad de un nacimiento.

Me recuerdan a los párpados que,
amorosamente, cuidan el sueño de la vida.

Las despreciamos como vulgares obstáculos del placer,
su costumbre es la caída en las bolsas oscuras del desprecio.

Preferimos el cuerpo frágil de la yema,
una semilla virginal, la textura blanda del molusco,
el corazón que formó el árbol en la breva dulce
que un día muere bajo el sol del verano.

No quiero desdeñar su fortaleza de madre,
todos los tejados, las paredes, la ley y su coraza,
el embrión por nacer, la curtida edad,
la senectud del reptil, las nombran.

Y yo ahora te pronuncio a ti, caparazón mío que aún sueñas.

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