Qué extraño este silencio de mañana. Escucho
cómo duermen los que conviven conmigo, siento
la armonía de los latidos, la paz que les cubre.
Escribo sin que mi reflejo me atrape, ausente de mí
igual que un pájaro que no quisiera volar, igual que
dos alas muertas en el cieno. Qué extraño silencio
el que me arropa y me convierte en una burbuja
o en un pensamiento o en un fantasma que sueña.
lunes, 16 de mayo de 2016
domingo, 15 de mayo de 2016
La sombra etérea de tu paso
No me has dejado explicarte el por qué de nosotros.
Y era fácil, la calle donde pisamos el silencio,
el mar que se abandona bajo tus pies y los míos,
el aire que te abraza-y a mí me hiere-
en cualquier día azul o gris.
Yo miro el reloj de la tarde
y veo tu escenografía de niña-duende
en el perfume blanco de las plazas.
Me gustaría escribir esa canción múltiple
que se esconde en las esquinas,
la voz amarga de los topos,
el canto del grillo que espía.
Hablaremos de los libros inútiles,
de cómo tu hermana cuida de tu futuro
de golondrina vieja,
de en qué lugar los párpados se encendieron
para ser luz que naufraga
en una frase de muerte.
Yo sé que solo volverá a mí tu edad,
los gestos que los elefantes aman en la penumbra,
esa armonía de cuadros que te envejece
sin que puedas volar.
Mis ojos para ti son blancos
y no saben mirar.
Piensa en los dibujos
que en la alegría de la tarde te buscan
como una argucia que solo quiere un eco
o un subterfugio,
una latitud donde tú y yo
seamos.
Y era fácil, la calle donde pisamos el silencio,
el mar que se abandona bajo tus pies y los míos,
el aire que te abraza-y a mí me hiere-
en cualquier día azul o gris.
Yo miro el reloj de la tarde
y veo tu escenografía de niña-duende
en el perfume blanco de las plazas.
Me gustaría escribir esa canción múltiple
que se esconde en las esquinas,
la voz amarga de los topos,
el canto del grillo que espía.
Hablaremos de los libros inútiles,
de cómo tu hermana cuida de tu futuro
de golondrina vieja,
de en qué lugar los párpados se encendieron
para ser luz que naufraga
en una frase de muerte.
Yo sé que solo volverá a mí tu edad,
los gestos que los elefantes aman en la penumbra,
esa armonía de cuadros que te envejece
sin que puedas volar.
Mis ojos para ti son blancos
y no saben mirar.
Piensa en los dibujos
que en la alegría de la tarde te buscan
como una argucia que solo quiere un eco
o un subterfugio,
una latitud donde tú y yo
seamos.
sábado, 14 de mayo de 2016
La imagen de una fotografía en el espejo
Es una fotografía de familia la que hoy me observa
desde la superficie pulida del espejo. Esos rostros
que viven en el sepia me hablan de un tiempo anclado
en mi memoria igual que una luz que no muere. Así
mis ojos van del ayer a esta faz gastada que como
un árbol viejo va dejando caer voces que susurran,
caricias escritas en el vacío, palabras sin hambre
que cabalgan el tránsito mecánico de las horas.
En este momento de la tarde la luz casi no habita
en la húmeda presencia del azogue, llueve contra
el cristal y una atmósfera de sauces marca en mi piel
la delicuescencia soñadora de un arpegio. En aquella
fotografía de un verano sin rubor mis labios recitan
los versos que vendrán, unos versos que yo aún
no conocía. Unos versos que hoy escribo para que
algo quede de lo que fuimos, de lo que éramos.
desde la superficie pulida del espejo. Esos rostros
que viven en el sepia me hablan de un tiempo anclado
en mi memoria igual que una luz que no muere. Así
mis ojos van del ayer a esta faz gastada que como
un árbol viejo va dejando caer voces que susurran,
caricias escritas en el vacío, palabras sin hambre
que cabalgan el tránsito mecánico de las horas.
En este momento de la tarde la luz casi no habita
en la húmeda presencia del azogue, llueve contra
el cristal y una atmósfera de sauces marca en mi piel
la delicuescencia soñadora de un arpegio. En aquella
fotografía de un verano sin rubor mis labios recitan
los versos que vendrán, unos versos que yo aún
no conocía. Unos versos que hoy escribo para que
algo quede de lo que fuimos, de lo que éramos.
"A las órdenes del viento" un poema de Raquel Lanseros
Para todos los que sienten que no están al mando
Me habría gustado ser discípula de Ícaro.
Hubiera sido hermoso festejar
las bodas de Calixto y Melibea.
Me habría gustado ser
un hitita ante la reina Nefertari
el joven Werther en Río de Janeiro
la deslumbrante dama sevillana
por la que Don José rechazó a Carmen.
Yo quisiera haber sido el huerto del poeta
con su verde árbol y su pozo blanco,
el inspector fiscal
con el que conversara Maiakovski.
Me habría gustado amarte. Te lo juro.
Sólo que muchas veces la voluntad no basta.
Me habría gustado ser discípula de Ícaro.
Hubiera sido hermoso festejar
las bodas de Calixto y Melibea.
Me habría gustado ser
un hitita ante la reina Nefertari
el joven Werther en Río de Janeiro
la deslumbrante dama sevillana
por la que Don José rechazó a Carmen.
Yo quisiera haber sido el huerto del poeta
con su verde árbol y su pozo blanco,
el inspector fiscal
con el que conversara Maiakovski.
Me habría gustado amarte. Te lo juro.
Sólo que muchas veces la voluntad no basta.
jueves, 12 de mayo de 2016
Apuntes sobre la felicidad
Esa gota, esa gota que una vez gobernó la sangre.
La felicidad se escapa como un renacuajo entre
los dedos, su memoria, en cambio, es un oasis
junto a los párpados del azar, un caracol que
nunca envejece. Recuerdo un balón perdido
entre la algarabía, recuerdo las olas amables
del verano, la falda de María cuando el aire
buscaba una sonrisa imposible entre sus piernas.
Algo pasa, breve, silencioso, casi como el eco
de un fantasma: ahí está la magia de esa efigie
redonda que llamamos éxtasis, imagen que se
agota al preguntarnos por su ser. Hay en el diamante
del sueño una conquista de ángeles sin luz que no
pregunta por la sinrazón de las flores, ni por la danza
alegre de una madre en cualquier portal de cualquier
ciudad. Es suficiente con que un suspiro se encienda
entre las vértebras, pasajero, frágil, para presentir
que no existe otra eternidad que no sea este latido
que se va, se va y se va...
La felicidad se escapa como un renacuajo entre
los dedos, su memoria, en cambio, es un oasis
junto a los párpados del azar, un caracol que
nunca envejece. Recuerdo un balón perdido
entre la algarabía, recuerdo las olas amables
del verano, la falda de María cuando el aire
buscaba una sonrisa imposible entre sus piernas.
Algo pasa, breve, silencioso, casi como el eco
de un fantasma: ahí está la magia de esa efigie
redonda que llamamos éxtasis, imagen que se
agota al preguntarnos por su ser. Hay en el diamante
del sueño una conquista de ángeles sin luz que no
pregunta por la sinrazón de las flores, ni por la danza
alegre de una madre en cualquier portal de cualquier
ciudad. Es suficiente con que un suspiro se encienda
entre las vértebras, pasajero, frágil, para presentir
que no existe otra eternidad que no sea este latido
que se va, se va y se va...
martes, 10 de mayo de 2016
Mi baño

Es un espacio donde cabe mi alma.
Después de la luz
el agua imagina un cuerpo desgastado,
una historia que cada día muere.
Mi rostro en el espejo se mira hacia atrás,
aventura su gloria, los livianos gestos
con los que la juventud se creyó atmósfera,
viento y azar.
Soy amable con la desnudez,
le hablo y le digo que son muchos los enigmas,
demasiadas las oscuras travesías
para que el recuerdo se asombre
como un navegante
sin memoria.
En este mundo de toallas cálidas,
de grifos inútiles, de mamparas que no lloran,
de perfumes y lavanda, de geles
y omnívoros cosméticos que aguardan;
yo me siento un episodio,
la piel que no debiera estar allí
cuando los hombres cantan su alegría
bajo la humedad hipnótica de la ninfa,
en el territorio donde la espesura del agua
no es un dios, solo la máscara de un río
que aún sueña con la compasión de los delfines.
domingo, 8 de mayo de 2016
Tantos años juntos
Ya sé que es difícil
cuando se siente el sexo acuchillado.
Se abren otras ventanas que no tienen luz,
pero hay un latido que crece en la sombra
como un mensaje de arco iris.
Ya no se trata de la armonía de un cuerpo
que se transmuta en diosa madre,
ni tampoco de la voz que antes era un círculo
dentro de otro círculo, el eje de una sílaba suave,
el resplandor de un labio que todavía sueña.
¿Es así la vida, una efigie que deja de ser luna,
un crisol que amenaza con los espejismos del recuerdo
bajo las noches altivas del éxtasis?
Quizá solo se trate de aprender a caminar juntos,
paso a paso entre las dudas, el miedo, la sensatez
de una ligazón que, al fin, nos reconozca.
cuando se siente el sexo acuchillado.
Se abren otras ventanas que no tienen luz,
pero hay un latido que crece en la sombra
como un mensaje de arco iris.
Ya no se trata de la armonía de un cuerpo
que se transmuta en diosa madre,
ni tampoco de la voz que antes era un círculo
dentro de otro círculo, el eje de una sílaba suave,
el resplandor de un labio que todavía sueña.
¿Es así la vida, una efigie que deja de ser luna,
un crisol que amenaza con los espejismos del recuerdo
bajo las noches altivas del éxtasis?
Quizá solo se trate de aprender a caminar juntos,
paso a paso entre las dudas, el miedo, la sensatez
de una ligazón que, al fin, nos reconozca.
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