Ha pasado fulgurante la vida. Desde el primer
recuerdo hasta el instante en que escribo este
poema todo se asemeja a un rayo de luz sobre
una piel gastada. Fui un niño inconsciente de serlo,
fui juegos, inocencia y duda. Fui la secuencia de
una hermandad o el soldado de una tribu amante.
La juventud quiso hacerme sol pero mis pies adoraban
el barro de las ilusiones sombrías, la madurez situó
sobre mis hombros la condición del fracaso, la senectud
llegó con el lastre del desencanto.¿Es mi vida diferente
a otras? No lo sé y eso ya no importa, solo importan
la dignidad y el orgullo de proseguir mi camino entre
la obligación y el silencio, entre la fe y el azar estéril.
miércoles, 9 de diciembre de 2015
martes, 8 de diciembre de 2015
Sin cuentos
Nunca me leyeron cuentos.
Nunca el silogismo de la vida
vistió una capa infantil.¿Qué se
aprende de la inocencia cuando
el encanto y el aprendizaje no son
máscaras reales? Nunca me dormí
soñando con lobos, castillos, brujas
o hadas, ni sentí el aliento del ogro
en mi pequeña nariz. Jamás la venganza
fue un dulce de miel ni vi a la princesa
jugar con los niños perdidos. ¿Soy tan
extraño, acaso?
Nunca el silogismo de la vida
vistió una capa infantil.¿Qué se
aprende de la inocencia cuando
el encanto y el aprendizaje no son
máscaras reales? Nunca me dormí
soñando con lobos, castillos, brujas
o hadas, ni sentí el aliento del ogro
en mi pequeña nariz. Jamás la venganza
fue un dulce de miel ni vi a la princesa
jugar con los niños perdidos. ¿Soy tan
extraño, acaso?
lunes, 7 de diciembre de 2015
La luna en éxtasis

El rojo, el rojo es un viaje sin regreso.
Trenes olvidados en los muslos jóvenes,
una luz que tiembla inconstante
como una luna en éxtasis,
los raíles de un tranvía en los ojos de la lujuria.
Impronunciables las lágrimas del laberinto.
El neón verde irrita los besos de la noche,
la imaginación quiebra el cristal de las copas álgidas
con su color de mar y sus infinitas hélices.
No hay rompeolas en la prisión de las calles,
sudan los faroles la inquietud de los mentones de niño,
de las trenzas frágiles
como ramas de un árbol de navidad.
Solo es posible un camino entre la sombra
y el brillo ecuestre de la aurora.
Ese camino dibuja un mapa en tus pantys ajados,
se esconde en la felpa de una falda púrpura.
¿Es el tiempo de la palabra encendida entre los espejos,
la parusía amable de un abril
que ya es demora?
Quizá las celosías
nos demuestren que la voz se escribe en susurros,
que unos labios hablan más que un poema
cuando su encuentro es otra carne.
Hoy estamos aquí y es la luna nuestra ciudad.
domingo, 6 de diciembre de 2015
La casa en mí
Hay una casa que vive en mí.
Abro sus puertas en los ventrículos de mi corazón,
surge la luz de una historia con pasos alegres
y es el tiempo una sangre insólita
que fluye desde si hasta si
como un río sin límites.
Dentro, las voces repican su adiós,
mientras las celosías niegan el futuro
con una flor en el dintel.
Allí estáis
igual que sombras que recorren sin parar
mis músculos y mis sentidos.
Sois el clamor de cada alvéolo,
la latitud insondable de los abismos,
el pálpito urgente de cualquier pensamiento.
Hay una casa que soy yo
con mis ventanas de mar y mis pasillos azules,
con la penumbra de las habitaciones descreídas,
con la voz en los caireles
que lloran su luz blanca
sobre recuerdos sin edad.
Hay una casa en mí
que no se describe en metros cuadrados,
su medida es el rondo de una peonza incansable,
su longitud la cicatriz de un horizonte
que para siempre me habita.
Abro sus puertas en los ventrículos de mi corazón,
surge la luz de una historia con pasos alegres
y es el tiempo una sangre insólita
que fluye desde si hasta si
como un río sin límites.
Dentro, las voces repican su adiós,
mientras las celosías niegan el futuro
con una flor en el dintel.
Allí estáis
igual que sombras que recorren sin parar
mis músculos y mis sentidos.
Sois el clamor de cada alvéolo,
la latitud insondable de los abismos,
el pálpito urgente de cualquier pensamiento.
Hay una casa que soy yo
con mis ventanas de mar y mis pasillos azules,
con la penumbra de las habitaciones descreídas,
con la voz en los caireles
que lloran su luz blanca
sobre recuerdos sin edad.
Hay una casa en mí
que no se describe en metros cuadrados,
su medida es el rondo de una peonza incansable,
su longitud la cicatriz de un horizonte
que para siempre me habita.
Un aforismo de Cioran
"El 18 de este mes, muerte de mi padre. No sé, pero siento que lo lloraré en otra ocasión. Estoy tan ausente de mí mismo, que ni siquiera tengo fuerzas para la pesadumbre, y tan bajo, que no puedo elevarme a la altura de un recuerdo ni de un remordimiento".
sábado, 5 de diciembre de 2015
Diletante

Nunca calculé los pasos, aunque a menudo
fueran los mismos.¿Los meses, las estaciones,
los días, ya no tienen nombre? Por eso la vaguedad,
la atmósfera perdida, los tiovivos con que se dibujan
los surcos sin paz. Y el alcohol como un laberinto donde
volver a mi, al refugio o a la tiniebla. En la gran ciudad
nada es real, ni el calor de los abrazos, ni la mirada del
clochard, ni la imagen que se guarda como un candil azul.
Ya sabía de los silencios del reloj, también de ti cuando
regresabas con las manos enrojecidas, con la campanilla
de los náufragos, con tu iconografía de sueños en la sinrazón
de la duda, aún febril la memoria de lo que fue el parpadeo
de un viernes.
miércoles, 2 de diciembre de 2015
El ojo del cíclope
Así viven los niños
con la libertad del pájaro y la risa en los ojos.
No preguntes si el orden es un cúmulo de planetas,
piensa en el vuelo que nunca volaste,
en la longitud de un ideal
que rebota en tu fe.
Piensa en el descontrol de la locura,
en el mercurio de ese termómetro ambiguo
que llamamos edad,
en el grito que sorprende a la noche
-y a ti-.
¿De qué color son los cristales que construyen tu vida?
¿Opacos, quizá, como un ladrido de viejo
o un manto que tapa tu iconografía
de fantasma lúcido,
de árbol que asume
el yugo de las estaciones?
Has caído en el cepo de la iniquidad,
largos los episodios donde el poso crece
como una madriguera invencible.
Hay en tus brazos ríos secos,
cansancio,
lentitud de aguas estancadas.
Sólo vives para la mirada del cíclope.
El único ojo que aún pregunta quién eres,
en qué lugar habitas, cuándo
dejarás este mundo.
con la libertad del pájaro y la risa en los ojos.
No preguntes si el orden es un cúmulo de planetas,
piensa en el vuelo que nunca volaste,
en la longitud de un ideal
que rebota en tu fe.
Piensa en el descontrol de la locura,
en el mercurio de ese termómetro ambiguo
que llamamos edad,
en el grito que sorprende a la noche
-y a ti-.
¿De qué color son los cristales que construyen tu vida?
¿Opacos, quizá, como un ladrido de viejo
o un manto que tapa tu iconografía
de fantasma lúcido,
de árbol que asume
el yugo de las estaciones?
Has caído en el cepo de la iniquidad,
largos los episodios donde el poso crece
como una madriguera invencible.
Hay en tus brazos ríos secos,
cansancio,
lentitud de aguas estancadas.
Sólo vives para la mirada del cíclope.
El único ojo que aún pregunta quién eres,
en qué lugar habitas, cuándo
dejarás este mundo.
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