De lo que vivimos ya solo quedan
los nombres. La calle ha cambiado
su faz, vestida de modas que se irán.
En las esquinas todavía fluye el aire
del mar, húmedo y salino. El cine ya no
está, ni el viejo garaje, ni la hermosura
de verte caminar en la lejanía. En la
tienda de comestibles ya no adivino
tus pechos, un balón parado duerme
junto al estanque. Quizá vuelvan
pronto las golondrinas.
lunes, 12 de octubre de 2015
sábado, 10 de octubre de 2015
Paseo en el albor hasta tu cama vacía
Algunas veces fui yo, me digo.
Cuando la hora gris amanecía
y los cuerpos eran el cuerpo del tesoro,
el mapa infantil del azar.
Después, la sombra dentro de las sombras,
la cuidada hospitalidad de las calles,
el silencio de los letreros
y de los comercios que sueñan,
los portales como faros incomprensiblemente rotos
en el albor de las siete.
Y los placeres de la ruta, por una vez virgen
y la blancura de esas fachadas
que invitan a la flor a ser octubre,
simuladas como el gesto invisible
que en los bolsillos ahueca un nombre
y nos da los latidos,
el hambre que guarda en su frenesí
un rostro que se parece al deseo.
Mira la luz, a veces amarilla
-o azul-.
Mira los mensajes
entre el humo de las palabras volátiles,
siente el entresijo de la cacofonía
que se eleva hacia la inquietud del farol
sin hospitalidad
ni sueños.
Ya sé, tú solo crees en un principio sin caminos,
una flecha incómoda que el aire traslada
desde las hojas caídas
hasta el discurso de una primavera
que surge.
Bien, que tan solo empiece ahí la creencia de la vida,
que las manos conviden al estrépito
entre sábanas perdidas
o faces
que no se reconocen en los espejos.
Cuando la hora gris amanecía
y los cuerpos eran el cuerpo del tesoro,
el mapa infantil del azar.
Después, la sombra dentro de las sombras,
la cuidada hospitalidad de las calles,
el silencio de los letreros
y de los comercios que sueñan,
los portales como faros incomprensiblemente rotos
en el albor de las siete.
Y los placeres de la ruta, por una vez virgen
y la blancura de esas fachadas
que invitan a la flor a ser octubre,
simuladas como el gesto invisible
que en los bolsillos ahueca un nombre
y nos da los latidos,
el hambre que guarda en su frenesí
un rostro que se parece al deseo.
Mira la luz, a veces amarilla
-o azul-.
Mira los mensajes
entre el humo de las palabras volátiles,
siente el entresijo de la cacofonía
que se eleva hacia la inquietud del farol
sin hospitalidad
ni sueños.
Ya sé, tú solo crees en un principio sin caminos,
una flecha incómoda que el aire traslada
desde las hojas caídas
hasta el discurso de una primavera
que surge.
Bien, que tan solo empiece ahí la creencia de la vida,
que las manos conviden al estrépito
entre sábanas perdidas
o faces
que no se reconocen en los espejos.
jueves, 8 de octubre de 2015
La claridad
Es una metáfora el plato de cerámica
que perdió su igual.
Las sillas nunca ocupadas,
los cuadros vueltos del revés,
los cajones completamente vacíos,
el eco que martillea las paredes.
Una vez hubo vida aquí
y fue el cristal de las copas
reflejo de voces azules
en la eternidad efímera.
Aparta los visillos,
que la luz aprisione los espectros
de un tiempo de fantasmas,
que la mirada no recorra
las huellas del dolor,
que no tiemble el silencio
cuando los gatos aparezcan
como mensajeros de la noche
y la blanda apariencia de los relojes
nos diga que no hay horas por conquistar
bajo el tejido aún intacto de las telarañas.
que perdió su igual.
Las sillas nunca ocupadas,
los cuadros vueltos del revés,
los cajones completamente vacíos,
el eco que martillea las paredes.
Una vez hubo vida aquí
y fue el cristal de las copas
reflejo de voces azules
en la eternidad efímera.
Aparta los visillos,
que la luz aprisione los espectros
de un tiempo de fantasmas,
que la mirada no recorra
las huellas del dolor,
que no tiemble el silencio
cuando los gatos aparezcan
como mensajeros de la noche
y la blanda apariencia de los relojes
nos diga que no hay horas por conquistar
bajo el tejido aún intacto de las telarañas.
miércoles, 7 de octubre de 2015
Fragmento de "El inmoralista" de André Gide
" Había olvidado que estaba solo, no esperaba nada… Me parecía que hasta aquel día, a fuerza de pensar, había sentido tan poco, que ahora me asombré: mi sensación se hizo tan fuerte como un pensamiento… He dicho: me parecía… porque, desde el remoto pasado de mi primera infancia, despertaban al fin en mí mil resplandores, mil sensaciones perdidas. La conciencia que volvía a adquirir de mis sentidos me permitía el inquieto reconocimiento. Sí, mis sentidos, despiertos a partir de aquel momento, reencontraban toda una historia, recomponían todo un pasado. Jamás habían dejado de vivir, descubrían, incluso a través de mis años de estudio, una vida latente y astuta. "
De ayer a hoy
Lo que ha pasado no es más que historia.
La primera luz, la noche,
el sonido del mar,
el deseo bajo la fragua de tus ingles,
los rostros vírgenes de lugares aún no conocidos,
la estrategia de sentirnos uno.
Mira cómo en la pantalla de tus ojos
la nieve no crece, mira el continuo sol
que adora el recuerdo.
El primer automóvil, tu vestido de flores,
la camisa vaquera que anida en la virtud
de una fotografía guardada.
Tu cuerpo desdoblándose
en el cristal de una ducha,
los pasos que te llevan a mi cama
para siempre insomne.
Y la sensatez de los caminos
que unieron lo posible con lo imposible,
la sinuosidad de la vida
que ampara este verbo que llega a ti;
lo mismo que tu palabra
cuando en nosotros anticipó la singladura
de un hoy
que ya no será otra vez
presente.
La primera luz, la noche,
el sonido del mar,
el deseo bajo la fragua de tus ingles,
los rostros vírgenes de lugares aún no conocidos,
la estrategia de sentirnos uno.
Mira cómo en la pantalla de tus ojos
la nieve no crece, mira el continuo sol
que adora el recuerdo.
El primer automóvil, tu vestido de flores,
la camisa vaquera que anida en la virtud
de una fotografía guardada.
Tu cuerpo desdoblándose
en el cristal de una ducha,
los pasos que te llevan a mi cama
para siempre insomne.
Y la sensatez de los caminos
que unieron lo posible con lo imposible,
la sinuosidad de la vida
que ampara este verbo que llega a ti;
lo mismo que tu palabra
cuando en nosotros anticipó la singladura
de un hoy
que ya no será otra vez
presente.
La caída
Hasta aquí el singular ejercicio de mi yo. El
después y lo que antecede a la conciencia.
El vástago que no hereda la palabra, la casa
que olvidó su nombre, la verdad oculta tras
los ejes del miedo. La derrota en los picos
de la comodidad, el león abstracto que no
ruge, mis cimientos sin ángeles.
después y lo que antecede a la conciencia.
El vástago que no hereda la palabra, la casa
que olvidó su nombre, la verdad oculta tras
los ejes del miedo. La derrota en los picos
de la comodidad, el león abstracto que no
ruge, mis cimientos sin ángeles.
sábado, 3 de octubre de 2015
La lectura

Verte así, amada por la luz, vestida por el aire
de esta tarde sin huella, tu rostro en el ventanal,
tus manos sobre un libro entreabierto, tu pelo
caido como una paloma exhausta. Frente al mar
calmo, frente al día que no pasa, lejos del tiempo
de los aullidos, cerca de la paz y la ternura, pegada
a mi voz como una ausencia, mientras los pájaros
trazan los círculos de las horas sin venir, extraña
tú a la memoria y al futuro, silente igual que
la flor más libre de una primavera eterna.
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