¿Acaso recibiste de Helios la pasión pura,
provista de luz cegadora?
Tu fama de hechicera sirvió a tu amante
para rendir al dragón que guardaba el vellocino de oro.
¿Por qué tu ingenio, tus ritos, tus pócimas no te revelaron
la traición futura de aquel que usó tan arteramente
tus dones para sus propios fines?
Medea, la salvaje, la que obra sin temor,
la que hace del hechizo un arma triunfal,
la que no pudo soportar el engaño de aquel
por el que dejó atrás todo: su país, su familia, su honor…
Hoy te recuerdan por el suceso más cruel,
la muerte de tus hijos, la venganza contra Jasón
y contra el destino que no te permitió ser feliz.
Con el estigma en la frente vagarás
como proscrita en busca de olvido.
Tú, que hiciste del dolor una bandera
y de la pasión el fuego voraz
que destruye
la raíz de la inocencia.
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