domingo, 12 de enero de 2014

Dias de hotel



Sonido de agua dentro,
dentro.

Mi padre me enseñó la historia de una equivocación.

Descubrió edificios de arcos, cánticos de un siglo moribundo,
imágenes de hombres perdidos entre la luz y la locura.

He allí el refugio, la paz, la memoria de los viajeros,
la cúpula del ayer, tu canción-eso dijo-.

Por el día las pisadas de los mustélidos acompañaban al reloj,
la química de mis pasos regurgitaba en la piel del mármol,
viejas escaleras que lloran.

¿Quién me visitará aquí si aún hay rostros del pasado,
caras muertas y cuerpos de alquimia?

No voy vestido como debiera, lo sé por las miradas
que huyen al presentir los anillos de mi sonrisa.

Sonido de agua en el esmalte del cristal,
ventanas desportilladas que no tienen patria.

Alguien me dice que la noche grita, que la busque,
que la ame como a un dios caído.

Si, pero eso será mañana.

sábado, 11 de enero de 2014

Reivindicación del presente

Créeme que nunca te pensé...

Una vez las alas del dulzor cayeron en mi luz.

Entonces mi prisión fue tu memoria,
tu acento en los pasos de la vida: las rúas ciegas,
los cines sin espejos, las fachadas de antiguos símbolos
o las orillas del mar en prontitud.

Hoy quiero hablarte sin que las palabras sean señuelo
porque en la doctrina de las miradas tu esgrima ejerce
un influjo de sombras de hojalata
o murciélagos que conocen la ruta
que yo ansío.

Te presentí en los lugares del jazz, como si tu piel
lograra adormecer la silabas de un saxo
en la madrugadas de añil.

Perdona si mi lápiz perdido
eligió esa atmósfera de los iris
y su racimo de sal.

Quisiera encontrarte en las páginas de un hogar desnudo,
quisiera una penumbra cerca de ti
como un duende fósil.

Que no rastree mi corazón las horas sin paz,
que se ancle su exactitud en el hoy.

Que solo sea tu semilla una flor en el ártico desliz que se aleja.

Dime, ¿por qué vuelve lo innombrable a mi ser?


jueves, 9 de enero de 2014

Lluvia de cuerpos



Podrían entrecruzar sus piernas como aspas
de bienvenida. Son la misma mujer, un armazón
perfecto de huesos y calor. Una es noche, la otra
día. Inoportunas regresan como alfiles del deseo
o de la astucia. Quieren un jardín sin amapolas,
un espacio lunar de ceniza y meteoros. Sus cuerpos
imitan el aquelarre de las marionetas, y fingen
el amor, el odio, las cosas que levemente ocurren.
He perdido su huella en el sinsabor de los trenes
o de las rúas sin paz. Todo es como una lluvia
que inútil persiste en la memoria. Mi memoria.

martes, 7 de enero de 2014

El iluso

No habité otra casa que mis sueños.

Después de la oración, después del infame
ejercicio de la rutina el cosmos regresa a la luz.

Días infantiles que arrodillan los parques,
en ellos hay un frenesí de hojas muertas
sin ruido, sin albur, sin pálpito ni vacío.

Porque en la brevedad de ese vendaval
de cuerpos y miradas-o en los equinoccios
del azar- yo no descubrí el perdón.

Siempre a la busca de lo inalcanzable
como el borrador de un dibujo en la noche,
el alto refugio de un labio que desangró su meteoro.

Entonces, aún creía en un dios o en primaveras
blanquecinas o en el deseo como un rubí
que podría robar al silencio.

Pronto llegó la edad con sus caballos omniscientes
y con ella un devenir de máscaras en las pupilas,
el terror igual que un juego que nos desviste
y nos incendia la piel.

¿Será la vida este río de átomos
cuya extraña gratitud nos sorprende?

Hoy sabes que has perdido,
que ya nada es resplandor.

lunes, 6 de enero de 2014

Navidad

Caen lágrimas de luz sobre la fachada
invernal. Un paje oculta el misterio
con voz de ninfa. Las miradas sueñan
con los tesoros de la infancia, recitan
las palabras que alguna vez fueron
dicha, ilusión, metamorfosis. Una
ciudad pasajera habitada por símbolos,
el parpadeo de la historia en versos
breves de latitud. Esta tarde hay
máscaras que resucitan, cosmos
de la edad cuyo significado llueve.
Me gusta el cansancio fingido, la
astucia que una imagen deposita
en el iris soñador, la bondad que
incorpora su tránsito de serpentinas,
libres, ausentes.

viernes, 3 de enero de 2014

Resistir

En el tránsito de un sol no hallo mi nombre.

Fui espía en las aulas, un pájaro del frío
en la educación rota.

Los hoy son ágrafos o impertinentes o vagones
sin furor en el pulso negro.

Transferir una sola verdad cuesta latidos y penumbra
en los ojos sin paz.

Mi viaje acentuó el eco de las colinas,
el mar dormido en los lunes del solsticio.

Si,
vivir o no vivir,
con las máscaras de ese tiempo
de palomas infinitas
y reconocer al atlante
desde las órbitas del azul.

Los cuerpos ambicionan una serenidad, las venas
simples se acostumbran al calor de los bares,
a la confidencia vespertina, al ácido de un reloj.





El diálogo

Hablé contigo de aquel tren,
de las calles, de los cines,
de las piedras antiguas
como un ejército
en tu edad.

¿Dime, dónde duerme la palabra,
la oración que intransitiva regresa al diálogo?

Rutas de sillares- admiro tu andar de botines de felpa,
armoniosos como un secreto o una mentira-
en esta olimpiada de sueños cuando las galerías
se vuelven viejas y cantan los pájaros en tejavanas rojas
como un nido insólito o crepuscular.

Perdona mi maquillaje, es amargo y se estremece
sin un latido o un ojo que reviva su luz.

Ya sabes, la juventud no admite los fuegos fatuos
de una noche inacabada.

Mira la lluvia, cómo en el vidrio de los faroles
vierte su canción de primavera, así la historia
que nombro en el café, tras la oscura sinagoga de los días.

Hay demasiados círculos vacíos para que mi juventud
no reconozca los ramales de un espejismo, el futuro
con su gong de amapolas y su astucia.

¿Adivinaste en el rumor del molino, la felicidad sin hojas,
la simbiosis de los vástagos que te doblan,
ese mal humor dormido, incandescente?

Ya no vigilo las aspas del reloj. Si veo tu perfil,
lanzo al aire los doblones del misterio,
y confío en las rosas del azar,
en su sol
o en su nieve.