martes, 25 de enero de 2022

El ayer y el hoy de tu cuerpo

Yo fui un pétalo nocturno, abierto hacia la lluvia.

 

Soliloquios inaudibles en la espesura de la noche,

mi voz  gorjeaba bajo el metal de una farola.

 

Te escribo, atrozmente, con la tinta azul del olvido.

 

Como pisadas de gaviota mis letras,

como azulejos sin color

los días de invierno,

desvaídos.

 

Te desnudas y es la nieve

un traje en mis omoplatos,

perdición.

 

Ni la lluvia, ni mi voz, ni mis pies,

ni la nieve evocada,

están.

 

Solo tu cuerpo existe.

 

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