jueves, 7 de julio de 2016

Lo que me recuerdas(otro soneto)

En la soledad dulce de tu nombre
encuentro mil imágenes que yacen
una es tu cuerpo núbil donde nacen,
la lascivia, el crisol, la edad de un hombre

que no quiere sentir la cruz amarga
en sus huesos sin fe, en su corazón
donde habitan el alma, la razón,
la locura, el desdén, la voz que alarga

su artificio sin luz, su fiel decir
de estatua muda. Las demás son fríos,
noches, plazas azules, bares rojos,

la palabra infantil, el maldecir
sonoro de las gárgolas, los ríos
que se llevan el trébol de tus ojos.

miércoles, 6 de julio de 2016

El vergel(soneto)

Hay en la primavera flores rotas,
lo mismo que cadáveres azules
en un bosque repleto de abedules,
en un paisaje de tierras remotas.

Hay un flujo de pájaros sin hambre
sobre los acantilados del sueño,
hay rojos estandartes y un pequeño
ruiseñor que se posa en un alambre

como si fuera el sol de alegre trino
que ilumina un jardín de aves cantoras
que habitan un vergel. Vive el amor

su delirio de paz, su desatino,
su amanecer en todas las auroras
que niegan el confín del desamor.


* aunque suelo escribir en verso libre no me resistía a publicar en este blog un soneto(mal soneto)que escribí hace tiempo.

martes, 5 de julio de 2016

Fragmento de "El árbol de la ciencia" de Pío Baroja

“Antes para mí era una gran pena considerar el infinito del espacio; creer el mundo inacabable me producía una gran impresión; pensar que al día siguiente de mi muerte el espacio y el tiempo seguirían existiendo, me entristecía, y eso que consideraba que mi vida no es una cosa envidiable; pero cuando llegué a comprender que la idea del espacio y del tiempo son necesidades de nuestro espíritu, pero que no tienen realidad; cuando me convencí por Kant que el espacio y el tiempo no significan nada; por lo menos que la idea que tenemos de ellos puede no existir fuera de nosotros, me tranquilicé. Para mí es un consuelo pensar que, así como nuestra retina produce los colores, nuestro cerebro produce las ideas de tiempo, de espacio y de causalidad. Acabado nuestro cerebro, se acabó el mundo. Ya no sigue el tiempo, ya no sigue el espacio, ya no hay encadenamiento de causas. Se acabó la comedia, pero definitivamente. Podemos suponer que un tiempo y un espacio sigan para los demás. Pero ¿eso qué importa, sino es el nuestro, que es el único real?”

La familia

En la mesa redonda no cabemos todos.
Unos ocupan las palabras y la vida
y se multiplican como ecos. Otros se
empequeñecen, reducidos al abismo,
a la mirada torpe, a su yo frágil. Hay
quien, simplemente, no quiere estar.
Juntos somos tiempo, vida y tránsito.
Una multitud en un vaso de agua, una
atmósfera sin secretos, una familia
bien avenida.

lunes, 4 de julio de 2016

El tren



Es suficiente con el ritmo artificial
de estas vías anónimas.

La noche y la boca gris,
el vacío de las luces que no indican ningún camino,
la máscara de los árboles
que susurran un canto de despedida.

En mis bolsillos parece que llevara
las hojas de un calendario estéril,
por equipaje las palabras que desdeñé
como un aliento antiguo
que se petrifica en los labios.

La madrugada es un ángel hostil
que duerme recostado sobre el cristal frío.

No estoy solo.

No vivo solo en la respiración que se acostumbra a no herir,
mi voz calla(o se desdice cuando las mentiras del pasado
quieren ser flor o primavera o cruz amiga)
pero habla para sí con su claridad prístina,
con su perdón insomne.

¿Cuál estación entre la bruma,
qué sombras persiguen la huella de este tren fantasma,
cuántos túneles eclipsarán mis sueños
antes de que llegue el alba?

Yo sé que la isla gime
como una cría que se alza
sobre las olas en un esfuerzo de paz.

El aire, el sol,
el amarillo que cubre la tierra negra,
los pájaros inmensos,
el resplandor de una piel entregada,
la luz de los trópicos en vahídos sin fin.

Todo lo que crece cuando mis ojos viajan
hacia un sur que no existe
en otro lugar que no sea tu cuerpo salvaje,
tu boca azul, tus manos de niña.

domingo, 3 de julio de 2016

La madrugada

Tras la ventana el gris no cesa de pintar el día.

Es de mañana, muy de mañana
cuando las primeras luces posan su desperezo
sobre el manto frío de la ciudad
y los sonámbulos regresan con las axilas sudadas
por el desvarío de buscarse en sí
o en su memoria.

Es extraño recorrer las calles sin una voz,
sin cuerpos, en el silencio indiferente del alba.

Solo el crujido de la trituradora,
la mecánica de unos hombres que desprecian su trabajo
escribe una música de goznes y bielas
en el aliento simple del desahucio.

Todo se parece a una piel lisa: el mar en la bahía
como un ojo brillante donde espejea la luna,
las colinas en sombra se difuminan en lontananza,
los pájaros son muescas de vida
en la frente de un cielo petrificado.

Y yo como una vieja rata que deambula entre escombros
no encuentro el camino de la luz, de la gente,
de la claridad amiga.

Hay noches que perduran igual que una estratagema,
un cepo o un abrazo sin fin.












viernes, 1 de julio de 2016

El nido

Te acostumbraste a ser un nido vacío
donde llueven los sueños.

No verás otra cosa que un ángel blanco sobre ti.

Jamás piensas en la muerte,
porque el vacío es eterno
igual que el alma húmeda de las estrellas.

Algo pasa a tu través: el amor, la frustración,
la alegría, el sol quemante.

A tu nido llegarán los pájaros de la noche
y caerán como gotas de ámbar
en tus ojos ciegos.

Hay muchas formas de vivir, la tuya es de agua,
fluye sin saber adónde,
sin un cauce ni un destino,
sin un principio ni un final.