La noche dentro de la noche es un águila herida.
Avanza el futuro con el metal en los labios
y los ojos blancos del albor.
Suben los fantasmas a su pedestal y en los soles
de mi auto los reflejos calcinan la seriedad de un mensaje,
el devenir triste de las cigüeñas.
¿Imaginas hoy los ríos que descubrieron tu estatua aquel verano
de piedras grises y altas ermitas sin nombre?
Los labios no se dibujan en la madrugada joven, el silencio
llama a las estrellas mientras el asfalto cuece su latido
en tiritas de marfil.
Allí esta el sur, la siembra que transita elíptica
como un mar de oro.
Pasan los pueblos como gigantes de adobe, sus casas se acurrucan
en la frenética cicatriz de las horas.
Quisiera ser el animal que prende la luz en el mediodía inacabado
del rumiar y la sierpe.
Benditos los árboles y la arcilla, bendita la cruz y el molino,
las encinas y los tortuosos olivos, la arena blanca
que de pronto amanece en un círculo, el cielo y su azul
como un faro que entretiene mi dolor.
No poblará el candil la noche oscura. Cuando la sed de los laberintos
nos diga que si, los rumores de tu piel vibrarán como llave o penumbra
de no sé qué tiempo o país.
domingo, 22 de septiembre de 2013
viernes, 20 de septiembre de 2013
jueves, 19 de septiembre de 2013
Agosto en Madrid
Como si siempre hubiera vivido en la luz.
Reconocible mañana de agosto, duelo de aspersores,
el canto del tráfico como un murmullo gris.
El transcurrir de las horas en la biblioteca desierta.
Después, la huida hacia el menú de los bares encendido de calor
y aturdimiento.
Sé los caminos-no el camino- cuyo olor me empapa.
Sé que busco sombras como quien busca una isla prohibida.
Sé que soy extranjero en cualquier parte.
Reconocible mañana de agosto, duelo de aspersores,
el canto del tráfico como un murmullo gris.
El transcurrir de las horas en la biblioteca desierta.
Después, la huida hacia el menú de los bares encendido de calor
y aturdimiento.
Sé los caminos-no el camino- cuyo olor me empapa.
Sé que busco sombras como quien busca una isla prohibida.
Sé que soy extranjero en cualquier parte.
domingo, 15 de septiembre de 2013
La senectud
¿Cuándo se descubre el viento fósil en la memoria?
La piel ama las llaves de la fertilidad, juega, se multiplica,
arroja sus esporas a la vida, como esperando la fiebre
de los cánticos o las alamedas floridas del verano.
Pero no es así, pronto las uvas tristes deshollinan su semen
sobre los días que, monstruosos, van edificando la máscara
de las eternas playas sin edad.
¿Quién no ha robado la luz- como Prometeo
lo innombrable- desafiante y lúcido igual que
un satélite a la deriva?
Son necesarios los años, el poso gris del tiempo,
las arcadias que alejan la realidad para ser hombre
en la infinitud de lo humano; destino de río
amargo, hoja seca en los mayos oscuros, restallar
de látigos en la sombra vieja.
El camino llueve, sus faros olímpicos
recuerdan la decrepitud sembrada en un eje
nacido ¿cuándo?.
Vaga quietud de efímera lujuria(los objetos y su dorado,
las cartas que amarillean o los recuerdos que viajan
de la noche a la calígine, igual que el latido del muladar).
Aquí, en el lujo exacto de un vivir transitorio, las esquinas
son frenesí: urgen, se desgañitan, nos acompañan
como perros grises sin dibujar un sol.
Me duelen los huesos del ánimo, igual que estas deformaciones
que las extremidades- audaces, pasivas- ya no ocultan.
¿Cuánto tiempo me dará el tiempo para ser lo que no fui?
Esperar hoy a que mi yugo descubra el amor en los labios vespertinos
de mil parientes olvidados.
Hasta ser nada.
La piel ama las llaves de la fertilidad, juega, se multiplica,
arroja sus esporas a la vida, como esperando la fiebre
de los cánticos o las alamedas floridas del verano.
Pero no es así, pronto las uvas tristes deshollinan su semen
sobre los días que, monstruosos, van edificando la máscara
de las eternas playas sin edad.
¿Quién no ha robado la luz- como Prometeo
lo innombrable- desafiante y lúcido igual que
un satélite a la deriva?
Son necesarios los años, el poso gris del tiempo,
las arcadias que alejan la realidad para ser hombre
en la infinitud de lo humano; destino de río
amargo, hoja seca en los mayos oscuros, restallar
de látigos en la sombra vieja.
El camino llueve, sus faros olímpicos
recuerdan la decrepitud sembrada en un eje
nacido ¿cuándo?.
Vaga quietud de efímera lujuria(los objetos y su dorado,
las cartas que amarillean o los recuerdos que viajan
de la noche a la calígine, igual que el latido del muladar).
Aquí, en el lujo exacto de un vivir transitorio, las esquinas
son frenesí: urgen, se desgañitan, nos acompañan
como perros grises sin dibujar un sol.
Me duelen los huesos del ánimo, igual que estas deformaciones
que las extremidades- audaces, pasivas- ya no ocultan.
¿Cuánto tiempo me dará el tiempo para ser lo que no fui?
Esperar hoy a que mi yugo descubra el amor en los labios vespertinos
de mil parientes olvidados.
Hasta ser nada.
sábado, 14 de septiembre de 2013
Patroclo habla

Aún buscas los artificios de la inmortalidad,
el perfil del agua secreta, la maligna cicatriz
del fuego. Así te contemplo, niño profeta, héroe
ya territorio, ya isla. Nos criamos bajo la astucia
del noble Quirón, él amaba el silencio como tu amas
la gloria. De nada nos sirvió la estrategia de las flores,
ni siquiera tu virtud de hembra pudo asomar su vientre
junto a la espada invencible. El destino es cruel, sus
ramas son rojas como la sangre de la victoria. La ciudad
enfrío los desiertos, su tapiz resplandeciente se reflejó
en tu piel como una armadura de eternidad y venganza.
Nunca dudaste en la batalla, nunca la piedad asomó
en tu iris sombrío. ¿Quedaba en ti el sello del amor
cuando los mil pétalos de la aurora te concedieron
disfraz? No sabías que la ambición puede también
conquistar un sueño. Hay razones para el ocaso
como las hay para la luz. Tu orgullo tiembla como
un sol infinito, pero a mí me regalas las sombras
de tu enemistad como una canción invalida. Moriré
en la estrecha cinta de un amago, creyendo ser tú,
en la atmósfera de la noche. Sé quién me vengará
igual que venga el poderoso eclipse la razón o la
locura. Sé también que llegará a su destino el clavel
del dolor con sus púas de misterio ¿De qué servirá
entonces ese círculo que ahora trazas con las manos
sangrientas?
jueves, 12 de septiembre de 2013
Fragilidad
Tú no querías abrir el paraguas del miedo.
Vivimos los fastos inacabables, la duda
y los sueños de paraísos demasiado frágiles.
¿Dónde el ritmo de las arterias, el crisol de las motocicletas
cuyo anuncio ignoro, ese oasis de las casas rojas que huele
a herrumbre y a mentira?.
Otro cáliz dentro de la luz,
los quilómetros son rubios
como las cejas vespertinas del mar.
No cabe el ojo transparente en mi oscuridad infantil.
Celebro las historias escritas por otro,
las imágenes que este poema negará
y negará
como el opaco susurro de la nada.
Vivimos los fastos inacabables, la duda
y los sueños de paraísos demasiado frágiles.
¿Dónde el ritmo de las arterias, el crisol de las motocicletas
cuyo anuncio ignoro, ese oasis de las casas rojas que huele
a herrumbre y a mentira?.
Otro cáliz dentro de la luz,
los quilómetros son rubios
como las cejas vespertinas del mar.
No cabe el ojo transparente en mi oscuridad infantil.
Celebro las historias escritas por otro,
las imágenes que este poema negará
y negará
como el opaco susurro de la nada.
lunes, 9 de septiembre de 2013
El hogar
Tú me dijiste que la casa no era un monstruo.
Pero gime, se retuerce y cuando no estoy
llora.
Pero gime, se retuerce y cuando no estoy
llora.
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