Aunque no sea su verdadero nombre
la voy a llamar Margarita.
Es por lo de los pétalos,
ya sabéis, sí, no, sí, no.
O bien a medias: sí pero no, no pero sí.
Lo imprevisible tiene su gracia y su desgracia.
La gracia(la de la risa) es suya,
la desgracia(la del llanto) mía.
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