Yo también fui juventud y tuve hambre de vida;
no puede el tiempo explicar el ansia de lo que fluye
y marca con sombras ajadas el transcurso leve del existir;
si miro la huella que dejó en el aire un vocablo,
el misterio de arrojar semillas del ser sin la conciencia
de su inutilidad, el rostro que en el instante envejece
como una flor que el destino fugaz de lo ido desampara;
si en el recuerdo todos los nombres citan un adiós,
si un eco es la letanía de lo perdido, si avanzo
hacia esa luz ignota que indica un final inexorable,
entonces qué del hoy guardaré si un ascua
que apenas revive calienta el último vestigio de mi fe.
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