viernes, 10 de abril de 2026

Lección de historia en el Aula Magna(1.982)

 

Qué vetusto el artesonado, las vidrieras poseídas

por la claridad de la mañana, un acento de bocas

carmesí y un racimo de hombros como árboles

mustios en el bosque ancestral de la cultura.



Pilares de mármol en la sala y rastros de caoba en los pupitres,

filas como de vid en su bancal, un crisol de vestidos multicolores

lucen las jóvenes, letanía del gris y el negro en el grupo gótico,

o de arco iris robado y gavillas de lana en las solapas,

algodón entretejido, vaqueros levis, tu fular

que relampaguea como un satélite de luz

en el atrabiliario conjunto.



Asoma el académico con su traje de guata, por el estrado,

desde la pizarra, desde el atril, desde la mesa y la silla

de tafetán rojo su rigor esparce una lluvia secular de rancio edén.



La voz, paradójicamente infantil, declama los episodios

oscuros de un ayer en que el tiempo una vez más fue herida.



Hay pasión como de ángel que anuncia el caos, hipnosis

de acentos, de énfasis y ardor, de altisonante culmen

que deriva en gotas ambarinas sobre los rostros aún insomnes.



Las preguntas son la nube que descarga inquietud y siembra

los segundos de una curiosa altivez, en los bolígrafos la tinta

se ha vuelto caligrafía ardua, elipsis sincopada, jeroglífico azul

que contiene un mar indescifrable, un enigma que juzgará

el dios de las calificaciones, los temas vertidos en la hoja

con membrete que evaluará tu capacidad de simulación,

la dócil virtud de reproducir lo que un día interiorizaste

para, después, ser olvido.


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