La amapola del frío crece en la tierra del insomnio
y es una flor que finge ser de cristal puro.
Abro mi ventana al silencio de la nieve
que reluce bajo la negrura de la noche.
Está aquí la sombra del hielo que anuncia el eclipse que seremos.
Están la bruma y la escarcha en el frágil esmalte de las sábanas.
Y estoy yo como un rocío sobre tu piel
que aún conserva dentro de sí el ascua viva del deseo.
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