miércoles, 12 de enero de 2022

No cierres los ojos

Aún no reconoces tus sueños.
Son de merengue y lapislázuli.
Son de grisú y alabastro. Son,
pues reales, nunca duermas.

domingo, 9 de enero de 2022

La luciérnaga y la música

Sello con escarcha mi voz, para no decir, ven.

 

La lluvia se ha roto en mil ojos azules,

en los cláxones aúlla un ruiseñor enjaulado.

 

Solo porque estuvieras aquí lamió el día a la noche,

a la aurora llegó el frenesí.

 

He vivido en los horóscopos,

fui un ángel sin alas bajo los soportales vacíos,

detrás del silencio la bujía de un farol se suicida

con destellos insomnes.

 

Hay cartas de navegación que mueren en tus labios,

existe un carámbano de cristal que se posa en tu lengua de ámbar.

 

Sin conocerte presentí un sol en tus zapatos,

una nube infantil en la redondez de tus nalgas,

el gorrión que se acuesta en el carmesí de tu boca.

 

Y es que todas las canciones vuelven a ti,

como un carnaval los versos que dicen frases absurdas,

letras vírgenes resuenan bajo los cimborrios ennegrecidos.

 

¡Ah! de tu aria sin voz, en las horas del arpegio levitas,

lejana, incólume, en un capullo de azar.

 

Compartir sin ti mis paseos bajo las columnas del agua,

huyendo de la policromía, de la piedra que llora,

con el calor de un vino agrio en las entrañas,

joven incauto traicionado por el artificio de la luz,

así descubre la vida sus misterios.

 

En el futuro, cuando me digas que en un sueño fuimos música,

yo recordaré aquel recital de un abril sin lluvia,

donde intuí el rastro de tu presencia como un rayo eléctrico en mi sien,

y es que ahora sé que eras tú aquella luciérnaga que, en la oscuridad, relucía;

aún no acabo de comprender cómo esa luz brotaba del confín de tus ojos.

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 8 de enero de 2022

Esta noche

 

Esta noche no se puso el vestido rojo
ni las medias de rejilla.

De su pelo brota un pájaro,
de sus manos la literatura del azar,
de sus ojos la rima de un poema.

Yo no sé si su voz es música,
si el cristal de su vaso un espejo que no la refleja,
si las palabras que pronuncia desconocen los idiomas,
sí ha nacido en una isla, ya que se mueve como una sirena,
si su nombre es un álgebra azul. 

Yo solo soy el camarero al que pide otro güisqui.

viernes, 7 de enero de 2022

Los corceles del pasado

 Como bajo un árbol de navidad las cosas me iluminan.


Al despertar, en la cama que ya no es mía,

veo fotografías que contradicen a los relojes,

discos que escuché, sin parar, en los ochenta,

cuadros que hasta hoy eran, tan solo, un recuerdo,

adornos de cristal o de plata junto a volúmenes raídos,

el tocadiscos de caoba aún conserva el rasguño que le hice,

en las baldas descansan mis lecturas de entonces,

las que un día amé como a novias adolescentes.

 

Pero hay también herramientas que aquí resultan extrañas,

un ordenador portátil, última generación, que no sé usar correctamente,

el smartphone de quinientos euros que me compró mi hijo, David.

 

Y esta paz que nos regala la luz primera,

luz de una claridad virgen, luz de los ángeles

que descorren las cortinas del alba,

luz sin los ecos de la luz

que viste de ámbar este espacio que me nombra,

a las siete de la mañana, cuando los corceles del pasado

regresan con su galope de sueños y olvido.

 

Bajo las sábanas escucho su fragor, inefable.

martes, 4 de enero de 2022

Ochenta años

En un cuaderno he escrito mi nombre cien veces, para no olvidarme.

 

Doy de comer a los pájaros en una plaza sin árboles,

me pregunto qué hacen aquí las palomas.

 

Me tomo seis pastillas diferentes, ordenadas por horas,

como las saetas de un reloj insomne.

 

Arrastro los pies, no lo puedo evitar.

 

Me hablan como a un niño, aunque los mire como un padre.

 

Aún fumo a escondidas, en los retretes,

en mi habitación sin rejas,

cuando es de madrugada.

 

Dime que hoy no lloverá otra vez sobre mis recuerdos.

El cuco que llamaba a la noche

Cuando llegan las nueve me acuerdo del reloj de cuco, cómo violaba el día.

Los veranos se superponen al recuerdo de los veranos
igual que perfiles en un cristal roto.

Julio son bicicletas de colores,
playas sin pájaros, la desnudez de María en el ventanal,
los grillos amantes cortejando a la noche.

En agosto la luz escribe con pereza versos de infinitud,
no se quiere marchar de su trono azul.

Yo te conocí un verano que moría,
merenderos que retiran sus manteles,
las parejas despidiéndose igual que aves migrantes.

Y la luz caída 
como un pétalo 
en el mar.

domingo, 2 de enero de 2022

Mi anhelo

Ser nube o viento, nunca raíz o pilar.

Que no exista huella de mí en ningún día de los días.

Solo el susurro de la nube al roce de los pájaros

o el silbido del viento en los cañizales.

Ser lo que se marcha, simplemente.