miércoles, 17 de marzo de 2021

El agua cae con sonrisa de luna

 Acuérdate de la luz
y de los cuadrados perfectos,
ven a la rosa que crece
en los omóplatos frágiles del suburbio.

He visto tu aura de rojez y muérdago
entre los figurines de los escaparates,
mintiendo al mercurio del neón
que se transforma en cómica alma
sobre los lapidarios surcos de las aceras.

Esta ciudad ha nacido para ti,
la miras desde el iris que refleja el azogue
y te preguntas por los delfines que murieron
en el alambre del sueño,
azar inútil de la fantasía.

Verás los ojos de la culpa antes de la lágrima
y un vestido de tul, sin canesú ni volantes,
en la cruz que ahora mismo te vigila, laxa,
ausente como una ventisca en el crisol de agosto.

Mi mano, la faz de mi mano es un monstruo
que moja la lluvia, escuchas el rebullir de las brujas
cuando se deslizan por el hueco de las acequias,
sientes la campana, hierro fundido en el horóscopo,
gemir al acorde de tu voz
que se reprime como una niña tímida.

En mayo las tómbolas imaginan la jauría,
los sauces y los álamos dan una flor castaña
igual que un barro múltiple, lo mismo que una veta
de la memoria sin jardín, limo vertebrado que refulge.

Sé que añoras la alfombra del cristal, las galerías del ensueño,
el blancor de la madera astillada por un sol de párpados negros.

Aquí la piedra es la circuncisión de un fósil,
torturado por el alma del fuego y la mitra,
arquitrabes y fuentes de caballos enloquecidos,
una plaza donde el silencio es nieve,
la clausura una atmósfera de golondrinas,
el  canto del surtidor un verso que ciega el auxilio de los ángeles.

Arrímate a mí, te contaré de los profetas
cuyas bocas fluyen con aljibes de incienso,
del oro sin repujar que escondo en mis bolsillos,
de la plata ennegrecida por el azabache del ardor.

Ahora nos miramos mientras el agua cae con sonrisa de luna,
es de noche en tu canícula, es abril en este músculo
que abraza tu entrega. Laten al unísono las oscuridades
para alumbrar el ungüento del día, con su luz escarlata,
con su pérgola de flores nuevas, para ti que, al fin, has llegado.

martes, 16 de marzo de 2021

El vuelo nocturno

 En el vientre de Ícaro hay una isla roja.
El plumaje y la cera los dibujó la Sibila
en su matriz dorada. Desde aquí todo
es un perfil o una lágrima de luz, bosques
de pinos, altos vuelos de los pájaros. Ícaro
posa tus alas en el fulgor de la estrella,
bebe la sangre del silencio, cabalga la nube
con los ojos de Pegaso. La noche está encendida,
la luna es de marfil, el aire un sueño sin patria.

lunes, 15 de marzo de 2021

Horóscopo

Enséñame los pétalos del mar,
desnuda la hiel y el silogismo,
que los alacranes sean verdes
como un tallo húmedo.

Dime la canción de la rosa,
vertebra los ejes
donde giran el tiempo y sus abismos.

Nada en el clamor del cuévano,
redondo pretil,
aurora de esferas sin trasluz.

Existe un nido blanco,
su jardín, la cal del silencio.

Las palabras se vuelven viajeras,
viven sin querer en espacios azules,
son flores adultas,
lunas de viernes que lloran.

Un abril las ciudades
fueron mosaico
en un mapa sin sol,
los aviones pájaros imberbes,
la musculatura del día
un frenesí de cometas.

Qué jeroglífico hallarás en el horóscopo
-álabe, carro, balanza, saeta, doblez-
si no hay destino en el arrabal,
si somos la delgada fibra de un adiós,
sempiterno adiós,
inútilmente demorado.








domingo, 14 de marzo de 2021

Desposeído

 Perdí el cajón de los sueños.

 

El soldadito de plomo se olvidó de su amada,

Peter Pan ya no existe en la memoria,

Blancanieves no eres tú en el espejo.

 

A Miguel Strogoff no le llegan cartas de amor,

Edmond Dantés jamás salió de la cárcel,

la mujer de Karenin, despechada, ha huido en el tren de Siberia.

 

Todo lo que imaginé, todo lo que soñé, ya es un árbol sin hojas.

 

 

 

 

sábado, 13 de marzo de 2021

Mientras duermes

 Los sonidos tienen memoria,

habitan un lugar invisible

lejos de la claridad,

en la sombra donde duerme

su latir oscuro.

 

Mis ojos antes de abrirse han sentido la luz,

el efluvio del olor, olor humano,

intenso como un ácido,

volátil perfume en miríadas de esporas,

la señal olfativa del sexo,

nube que cae sobre mi matraz,

mixtura de alba y tótem izado

que recoge la siembra de este aire,

seductor y albino

igual que un ardid de neblina,

escarcha caliente en la piel sudada.

 

Ruidos de metrónomo, de cláxones,

engranajes que unen las losas sin sueño,

palabras en azul, un reloj que no amanece,

y tú, aquí, aún dormida.

 

viernes, 12 de marzo de 2021

Volver a la crisálida, para ser yo

 Nací en un reflejo de sombra. Me vi en la luz
que proyecta el común ejercicio de la palabra.

Así supe que era tímido como un gorrión,
conocí la luna dibujada en un libro,
comprendí al instante
que un candil solo ilumina la verdad
cuando se repite, latido o gong,
sinergia del columpio que danza y se eleva
para caer como un copo de nieve.

Pensé en la fe de los cómicos
y en la alegría del músico,
deduje que no hay silencio en el amor
que finge ser un eco,
una ágil paloma que susurra un mandato.

Reí con labios múltiples, apoyé el río oscuro de la duda,
camuflé mi voz secreta con trinos y alharacas;
pero también fui la doblez que se mira en los espejos con ojos extraños,
la crisálida que añora su imagen primigenia,
el fugaz resol del porvenir
en un día sin nubes.

Las olas

Es la tierra del brezo y el jaramago,
es la luz vistiendo a la luz con voz de eclipse.

Un aire cálido y frutal,
la marisma azul
y el vuelo de los pájaros sobre la isla.

Hoteles blancos de cal,
rostros del norte en la calima sur,
un cantil con guirnaldas de olvido.

Qué extrañeza para quien vivió con la lluvia de los cielos oscuros,
qué color perdido
-verde opaco, verde crisol, verde jade-.

Y aunque el mar sea el mismo mar
las olas acuden con distinta memoria,
con otro eco,
como un murmullo de delfines,
como unos labios que cantan
con la pasividad insolente
de las mareas sin luna.