lunes, 8 de abril de 2024

El automóvil

 


Recorres sin mí las autopistas de la noche, de tus faros

nace la aurora y es tu canción el aliento de un motor

que no oculta su alegría de vivir. Avanzas entre niebla

y sombras igual que un felino por los laberintos del tiempo

y las edades, alejándote como un aire luminoso bajo

las nubes oscuras de la madrugada, sin prisa ni un lugar

que espere la huella rodante de tus caballos al trote,

sin el yugo de los semáforos con su máscara tricolor

que atrae a las luciernagas de la noche profunda,

sin mis manos guiando tu alegre brío de corcel libre,

sin la paz de los aparcamientos ni la duermevela

en los garajes, solamente tú y el infinito que te llama.


domingo, 7 de abril de 2024

El espejo roto

No son tus cicatrices rompiendo el eje del destino,

son pedazos de vida en rostros fugaces donde

aún circula el río de la edad. Cada uno guarda

en su interior un instante sin voz, una imagen

sin retorno, un capítulo sin inicio ni final. Ahora

son islas de un mar herido, resplandecen sus cuerpos

con la luz de noviembre como ascuas de plata sobre un tapiz

de abedules. Entre mis dedos, igual que pájaros caídos,

laten las sombras de un pasado furtivo. Ya no es posible

restaurar la integridad de su ser, en el mapa múltiple

de su continente estoy, lo mismo que una fotografía

oculta bajo la la piel partida del más roto de los silencios.


sábado, 6 de abril de 2024

El silencio que nos une

 

La transparencia de los vasos y el licor rojo de la penúltima copa.


Y tú, imagen del silencio que nos une,

razón del azar que cabalga los caballos de la noche,

desde el espejo del pub inicias la huida de ti, ágil,

tentadora como las sirenas y su canto, etérea igual

que un ángel vestido de humo y cárdenas flores de luz.


Y yo, en la desventura del alcohol,

con la música de jazz y un rumor de palabras sin dueño en el aire,

ansío que vengas a mí por si te decides a ser algo más

que la imagen de un silencio compartido.


viernes, 5 de abril de 2024

La eternidad de las cosas

 

Están ahí desafiando a los relojes con su persistencia inmune

a los ciclos del tiempo.


Algunas son queridas porque su huella invade la memoria

y es como si en un presente infinito reflejaran el tacto primigenio

de los orígenes, con su forma intacta, y su virginidad de niña

sin el abrigo de una piel que las cubra.


Pero las hay hostiles porque el recuerdo las convirtió

en llaga de desamor o porque sufren el luto del olvido

y se vuelven hacia si como hacen las flores tímidas del verano

al morir el sol cada día.


En mi cajón sobreviven las más pequeñas, los llaveros y las insignias,

las chapas y los colgantes, el amuleto que nunca me dio suerte,

el primer poema que escribí con caligrafía de niño, algunas fotos

de juventud y aquel trébol de cuatro hojas

que una noche de abril grabé en mi piel por ti.


En ellas se posa el polvo de la ausencia con su pátina de olvido

y son hogar de arañas y de humedad, víctimas de una luz

que pone nubes de tiempo en su alma invisible.

jueves, 4 de abril de 2024

La vela

 


Recogida en su capullo de luz tiembla

como si la lengua de un ángel bailara con el aire

una danza de fuego y color.


Y es el pábilo su armazón, su fina raíz de cuerda inmóvil

donde una plegaria anuncia el paradisíaco acontecer de un fin milagroso.


Lentamente va derramándose la cera

y en su costado una lágrima cae con la densidad de un sueño vivo.


Nace del humilde volcán el ansia de proseguir,

lejos del duro soporte que la contiene.


Y es su luz un faro de amor, una misión de fe

que del amarillo cáliz fluye como si fuera una ola

que brillara en el océano de la oscuridad más profunda.


miércoles, 3 de abril de 2024

El tiempo detenido

 

Rompieron en lluvia los pájaros

el día de la luz sin el azul de tus ojos.


Eras un barco de flores en la inmensidad de un río sin fin,

eras un capullo lunar con tu alfanje pálido y tu rosa blanca

dormida en la calidez de tu vientre.


Y venían las olas de antaño, así con su lento camino de espuma y sal,

a morir en los corales de aquella isla sin habitar

que una vez dibujé sobre el océano de tu piel en calma.


A través de los horarios rotos y la paz de los relojes nocturnos

el tiempo se vuelve cristal, tus labios son de mármol

y tu corazón no late al unísono de las horas que palpitan inútilmente

con su armonía pasajera de viento fugitivo.


Ya no hay un sur de balcones engalanados

ni licor febril en las arterias agotadas por el estío

y la seca raíz de los días sin tránsito.


Pero cuando miras yo aún veo en ti

las amapolas de todos los crepúsculos alzarse,

y eres de luna y eres de sol,

eterna como un rayo que no acaba de morir.

lunes, 1 de abril de 2024

Luz, cristal y plenilunio

 

Tú verás el nombre de la luz en su lisa piel.

El corazón del tiempo amanece en el cristal

porque el alba llega con ínfulas de estío y ya

todo es color y vida en la transparencia del cuarzo.

Las yeguas de la luz galopan por el mundo

con sus ijares amarillos y su belfos carmesí,

las guía el sol del verano. Y en mi rostro,

que añora la luna y la oscuridad de la noche,

la luz es una venda que me impide verte,

como te vi ayer, con tu pálida desnudez,

nimbada por el candil del plenilunio.