Hasta la luz se encoge ante el dolor último.
Aspirar el aire puro le cuesta tanto…,
ronca el pulmón como un instrumento
cuya música es el preludio de un final.
Su mirada me busca, está tan enflaquecida,
la piel casi transparente, los huesos
asoman bajo la carne
como las crías de un pájaro
que no podrá
volar.
Aferro su mano a la mía
y le transmito todo mi amor.
Ella sabe que la suerte está echada.
Yo también lo sé.
Por Dios que no sufra ya más.
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