miércoles, 4 de noviembre de 2026

La templanza

 

Porque siempre supiste que a ti vendría el caudal

inmenso de un río voraz, con las olas del estupor

en procesión de espumas, o el alud del pánico

que no es níveo sino oscuro como la tez de ébano

del insomne, o el fuego que aún arde en las cenizas

de lo que un día nos vistió de llama en los paraísos

del azar, o el asteroide que golpeará sin tregua

en tu piel como un badajo de cal ardiente, y aún

así recibes en silencio a la luz que llega a ti, con

la fría espada del dolor oculta entre las sombras

que anuncian la proximidad de la maléfica noche.

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