jueves, 1 de abril de 2021

Tejeré mi voz para ti

 Con un hilo de araña yo tejeré mi voz para ti,
un mosaico luminoso de fanfarrias y calidez
que se vierta en tu esófago, una semilla
en tu corazón que viaje en noviembre
sin alas viejas, un sonido que dibuje
en tu sentir un eco de palomas en el azul
del tiempo, un himen roto que derrame
el sí infinito de las respuestas cristalinas,
augurios que celebren un latido común
que colme los vasos, por llegar, del futuro.

miércoles, 31 de marzo de 2021

La vida

Había perlas entre algas
y cisnes de alambre donde vi tu casa.

Había espejos de dientes verdes
y un sol de margaritas que sufre.

Era tu sueño un príncipe invertido,
desnudo y fértil como un avispero de luz.

Dijiste, caracol vertebrado, nutria de ojos blancos,
sierpe en el almendro que oscurece su sed
en un diálogo de bocas sin nombre.

Dibujé una colina y un mar en los desiertos de la luna,
sentí la fibra del musgo, caliente como un hilo de magma,
aquel caramelo que sudaba bajo el calor inútil de agosto.

Llevaba un carmín antiguo en los bolsillos,
las palabras del olvido, el agua incandescente de la derrota
y la mustia cicatriz del silencio.

Pero al alzarse el rombo de tus rodillas con veletas sin norte,
al existir círculos de fuego en el sintasol de tu casa,
al incendiarse los contornos igual que icebergs azules en un lupanar,
yo soñé una metamorfosis geométrica, perfilada,
rasgos que viajaran en el aire hasta mi pupila
como insectos laberínticos que revivieran al morir
tras el adulterio de ese vector que nos divide,
el que de pronto recorres con el pórfido del cantil,
firme sillar de los cuerpos
que devoran una milésima de quietud,
el instante en que los pistilos se encumbran,
trompetas del azar, arlequín oscuro.

Creció el alfil de los espejos,
la vida es un episodio donde los ángeles aman a las sombras,
la vida que seduce al témpano,
la vida que me busca donde existen las huellas del diamante,
el grito del jaguar, las anémonas multicolores
que habitan este océano reseco.

martes, 30 de marzo de 2021

En tus rodillas se crían águilas de espanto

Dentro del diamante tu hogar.

En un espejo y en otro y en otro
la virtud del cuerpo que halla o no halla su eclipse.

Busco un ojal invadido de almendras,
elijo el pretérito en tu labio blanco
y verde.

Me llevas al crepúsculo, a mil batallas,
a esa noche que es filamento de perdón.

Tu rostro navegó desoladas islas
y en tus velas blancas la herida perfuma
la ojera de un mar de plástico.

¿Qué seda es la tuya que no acierta en su mástil?

Calle arriba o calle abajo tu cintura ya no gime,
recuerdo tu nombre como una espiga vertical
y la humedad del eco en mi costilla
cuando el rocío me hiere.

Yo quise decir “corazón de pájaro” para que vieras mi prontitud
o mi reflejo.

A ti te gusta lo que no puedes ser,
la sangre en el perfume,
el cartílago que ama las vocales,
el paraíso donde los muslos son un refugio
o una quimera.

lunes, 29 de marzo de 2021

Tu amor

Hace frío en la caverna donde mascullas la luz,

llego, me iluminas y no sé qué decir. 

Me abro a ti como una planta se abre al día, 

sin ayer ni mañana, 

con este resplandor febril

en las hojas.

domingo, 28 de marzo de 2021

Atiéndeme

Un rubí de aire en la columna,

el túnel sin vidrieras,

solo acanto, fragilidad

y un código innombrable.

 

La garganta del pub, roca de papilas sin sal,

música en el horario de los espejos,

la astucia del dintel cuando mi lengua vibra

al llegar como un silbo de lianas y humus de río

hasta los párpados del color.

 

Te invito al cristal iridiscente

donde tu imagen son gárgolas de arco iris

y un rosal en los labios

danza con insomnios de eclipse.

 

Es la quietud un cuervo alegre con sus alas de canela

y su brillo de azabache, olímpico

como un cromosoma lunar.

 

La llovizna en la sien de un dios que llora,

el arco sin golondrinas nos protege,

la astucia de los mendigos sabe a tiempo roto,

abraza mi voz y mi silencio de azufre,

atiéndeme

porque yo soy igual que tú,

y aun así me ignoras,

me ignoras.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

sábado, 27 de marzo de 2021

Viaje de mí a mí

Yo llevaba la lluvia en tu nombre, el sol

y sus llanuras de luz, los frutos como islas

en el corazón de la piedra, la mar ceniza

o gris de espejo, o nube con olas de platino.

Y la calima con su miasma de perlas, la flor

silvestre y el vuelo nómada de las aves canoras,

el opúsculo en unos labios de cal, la mandrágora

imberbe sobre el azúcar, los himnos del sur con su piel

oscura de lenguas sin voz, la fronda y el desliz de tus

ojos azules. Mis recuerdos confunden otoños y veranos,

rocío en junio, playas de septiembre con su luz inhóspita,

un abril sin palmeras, tu soliloquio en un avión de alas rojizas.

Y la vuelta a mí, sin estaciones ni branquias del azar,  

hasta mi centro, que siempre ha sido el mismo.

 

 

La fe

 


Es como sentir un ángel de paz en el sueño, sin adjetivos,

como una glicina que trepa hasta el azul con gorriones vírgenes

en su piel, es la nomenclatura que irradia luz, cohetes de adviento

en el pulgar donde las luciérnagas giran, es una alquimia y un muro

abstracto sin rótulos, sin ejércitos de letras que regalen un significado

a la luna. Rezar al sol sin el perfume de la ruleta rota, dormir con una sábana

de amor en el vientre, implorar al desnudo eje del tiempo una flecha

o un alcázar que dé memoria a la nube de este equinoccio que nace

en un óvulo y acaba en el sur del silencio. Mi ansia son dos campanas

ciegas que repican inmóviles, intuyo un clamor de plegarias en la negrura,

es la estridencia insomne de los vencejos; yo quisiera preguntarles si

existe un cielo para los pájaros, y, si no, el porqué de tanta alegría.