domingo, 10 de mayo de 2026

Un provinciano viaja a la gran ciudad

 

El tren surca las avenidas del futuro,

llega, arriba a la estación del sueño,

en su interior los rostros callan, 

son espejismo, 

mímesis de bienvenida a la espesura,

a las calles sin alma, 

al neón que anuncia 

en rojo y azul

promesas de edén.



Cruzo como si transitara un puente de abril

bajo la lluvia de arco iris

la línea invisible que une el color de los semáforos.


A través de este río de músculos vencidos por la lentitud

viajo con el horizonte en llamas hacia el corazón de una metrópoli

que recibe a mi perdida adolescencia y envía mensajes al alba

de banderas que el aire mece bajo un cielo de ángeles

aplaudiendo a los círculos del misterio.


Me asomo al laberinto que el azar dibuja

antes de que mis pasos inscriban la huella del nómada

con su telaraña de signos 

como índices pétreos

en el corredor sin salida de la infatigable noche.



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