sábado, 16 de mayo de 2026

La isla

 

Se abre la flor con las hojas de seda y el tono escarlata de la pasión.


En mí la fuga del verde, el acento dulce que mima las vocales,

las alas que pliega el vencido cuando el aire roza su tez aún joven.


Y en la luz el candil de la esperanza que ilumina el ojo

que lo recibe tímido como si no fuese un regalo de la claridad.


Y en el arenal oscuro donde la piel se confunde

con la sombra infeliz de la erosión múltiple

mis brazos en cruz, mi torso tiznado,

mi pecho que suda la sangre negra de los ríos sin alma

te llama al abrigo de los muros al sol, del volcán azul,

de la noche que vibra con los acordes de un violín celeste.


No existen ya las palomas que se alejan del mar como luces blancas,

no existe el color en las flores, ni existe el árbol sin fruto tan pétreo,

tan fósil, tan inmortal.


Unicamente existe la isla que nunca fue jardín ni oasis

en medio de un océano del que no recuerdo su nombre.









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