Corre el agua cristalina, cantan alegres los pájaros,
los frutos en sazón, el cobijo de la fronda, y tu desnudez
de hembra ante mí; yo no quería nada más que habitar
el vergel, tú eras asombro, codicia, la luz que descubre
el oro oculto del saber; te tentó la sierpe con palabras ciegas,
comí de tu mano la pulpa blanca, fue entonces que conocimos
el dolor, la oscuridad y la condena de vivir en este mundo sin alma.
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