Tu manto paraliza el corazón de la alegría,
eres una brisa torpe que se ancla en el ánimo
como un nube de piedra, callas cuando pregunto
por tu raíz sin voz que oscurece el horizonte
de mis sueños, y nunca huyes como un pájaro
que construyó en mí su nido de silencios
con pequeñas briznas de soledad, igual
que mi sombra me sigues sin que yo
pueda evitarte, pero un día se abrirán
mis párpados a la luz y entonces reiré
como ríe el náufrago que encuentra
por fin su isla añorada.
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