Mi adversario soy yo, en la luna del espejo sangra mi carne, siento
la herida que el puño causa y es mi alma quien verdaderamente
sufre el inacabable martirio, resbalan hilos púrpura por mi torso desnudo,
en mis ojos hay islas que supuran lágrimas carmesí, danzo en pos
de mi sombra, golpeo sin pausa, cada golpe que dirijo contra mis cejas,
mi mandíbula, mi boca, mi costado, mi pecho, mis pómulos, mi abdomen
me vuelve más insensible al dolor, ya no noto la luz de neón en los párpados,
ni respiro casi el oxígeno vital, apenas me llega la algarabía que rodea
el inexistente cuadrilátero, el espejo es mi tapiz, los segundos crecen
en secuencia, no podré levantarme al alcanzar el diez, la toalla del sueño
vuela entre las nubes del azogue, en el instante en que yazgo vencido
tú vienes a mí y aunque no eres real me abraza tu cariño, tu consuelo,
tu ansia de curar mis heridas, soy a la vez el ganador y el perdedor
de un combate que no cesa de vivirse, mañana, como cada día, regresará la lid,
el rival, que me conoce desde siempre, habita en el espejo y no tiene piedad.
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