domingo, 31 de mayo de 2026

El boxeador

 

Mi adversario soy yo, en la luna del espejo sangra mi carne, siento 

la herida que el puño causa y es mi alma quien verdaderamente 

sufre el inacabable martirio, resbalan hilos púrpura por mi torso desnudo,

en mis ojos hay islas que supuran lágrimas carmesí, danzo en pos

de mi sombra, golpeo sin pausa, cada golpe que dirijo contra mis cejas,

mi mandíbula, mi boca, mi costado, mi pecho, mis pómulos, mi abdomen 

me vuelve más insensible al dolor, ya no noto la luz de neón en los párpados,

ni respiro casi el oxígeno vital, apenas me llega la algarabía que rodea

el inexistente cuadrilátero, el espejo es mi tapiz, los segundos crecen

en secuencia, no podré levantarme al alcanzar el diez, la toalla del sueño

vuela entre las nubes del azogue, en el instante en que yazgo vencido

tú vienes a mí y aunque no eres real me abraza tu cariño, tu consuelo,

tu ansia de curar mis heridas, soy a la vez el ganador y el perdedor

de un combate que no cesa de vivirse, mañana, como cada día, regresará la lid,

el rival, que me conoce desde siempre, habita en el espejo y no tiene piedad.

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