Cuantas veces la luz anido en tu mapa, cuantas el roce
fue un rastro de vida en tu pátina virgen, con el color
carne y el vello de la negrura alzándose desde tu raíz,
con la dermis como una bandera donde anuncias que no
hay rendición para tu voz altiva, te encoges si el frío
abraza tu desnudez, húmeda si la fiebre del calor logra
que brote un manantial en los poros abiertos, de ti
nacen ríos, colinas como venas, un mosaico que cuaja
en celosía cuando la vejez pone arrugas que señalan
el camino hacia un final que se antoja próximo,
como nubes de tormenta en el cielo de tu alma.
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