miércoles, 14 de enero de 2015

Lluvia de invierno



Agua, agua, agua, en el sol permitido
de tu humedad, en el crepúsculo de gotas
que sudan nieve tras el álgido rebumbio
de una noche
fría.

Quizá la mentira sea sólo un desliz,
quizá las huellas de tu sed blanca
o el horror de tu carmín de jueves
viajen para ser un círculo
en las losas siempre fugitivas
del ayer.

Hay calles sin memoria,
porque no imaginan el mercurio del silencio,
su luz ofrece la caricatura de un eco
y almacenan un dia de amigos,
un calor de tactos
y palabras.

No volver al oido que sufre
ni tampoco al ejército de plazas
que quieren abrazar tu miedo
(recuerdas el trono donde leías los versos de la muerte
o las razones para vivir otra vida).

El amanecer llega con imágenes de mármol
a tu laberinto fértil, en el arbitrio de su exactitud
te reconocerás, silenciosa, múltiple,
casi una caricia sin geometrías
bajo esta lluvia que te ampara
lejos de ti, de lo que hoy revierte
en luces de asombro, de pérdida,
de preguntas que para siempre
serán ciegas.

Cuando tu recuerdo vuelva al símil
en los gongs sonará
el callado ejercicio de la nada.




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