jueves, 18 de octubre de 2018

Los viajes infinitos

Si antes éramos islas la piel hizo de puente.

Unión de sombras que se alzan
hacia los espacios desconocidos de la aurora.

Hay un meteoro en tu sien de pétalos rojos,
hay orillas de pupilas y candidez,
hay la pulsión del tránsito que no cesa.

Ciudades de bruma, acantilados de vértebras oscuras,
aquel río de hielo imberbe, el calor de las plazas
y un silbido que nadie escuchó salvo nosotros
al huir del miedo.

Mi voz se cubrió de ceniza bajo el eco de los tranvías,
tu voz sonaba a ausencia
después de reclamar el aullido de las estatuas.

Cada estación encendió en tu rostro mil vidas paralelas
que aún guardo en los espejos.

Trenes azules, automóviles sin heridas,
un avión que huye de su estela
como un pájaro que no reconoce la luz.

Si tú quieres te contaré el mapa infinito de los viajes que fuimos
para volver al tiempo exacto
en que todo tuvo el sentido de la edad en flor,
del corazón en éxtasis,
tal vez
de
la
locura.


lunes, 15 de octubre de 2018

Mi pluma



Es la forma dulce del pensamiento, el alfil que escribe
la noche, el día y el sueño. Se posa en el papel vacío
con la caricia de las letras amantes, suda un misterio azul
en su discurrir alegre, exhibe el rubor de la máscara y le da luz
al imposible. Admiro su lisura cuando se alza entre mis dedos,
es frío el instante del tacto para después rozar la piel
con la sonrisa de un punto y seguido que no cesa.
Es la reina del color, de la ebonita y del aliento dorado
de la espiga. Cuando la dejo reposar en mi bolsillo calla
como una niña triste pero yo la arrullo y le digo que me espere.

sábado, 13 de octubre de 2018

Pasear contigo

En mis pasos la senectud de las horas grises. No así
el cuerpo de robles encendidos ni la esgrima del sexo
anunciando la gloria de una incógnita. Visillos casi abiertos
sobre la calle amplia, el neón perdido en mensaje de alcahueta,
el violín de los pájaros cantando nubes y mar. Ya es nuestro
el candil del bolsillo, madura la sartén de los bistrós, todavía
los comercios reflejan las luces en maniquís hermafroditas
como vestidos que sufren el calor del color. Me dices: "esta noche
los vampiros ululan”, ah! sí, contesto sin un labio ni un meteoro.
Lo importante es el caudal espeso de estas horas ambiguas,
llueve a su manera-llueve sin querer-te enseño las mariposas
y el andar furtivo del ex-soldado. Te detienes al bies de un cristal
donde trepan las hormigas, los cuadros duermen su osadía
de fantasmas, abril amanece en mayo como un surtidor herido.
Aquí está la iglesia, a la tarde dejé un libro en el último sillar,
sigue ahí como un exvoto cautivo para que recites la luz,
el horóscopo y la ternura. Al verte mi espalda se aleja y lloran
los niños que no han podido dormir, las fuentes ahogan a los caballos
mientras la plata y su custodia rezan el oráculo del gran apóstol
o el sueño de las gárgolas imperiosas cuando el agua mana
de su vientre y vomitan tiempo y ceniza en mi boca abierta.
Se acaba aquí el horario que trazamos con hilos y trasluz,
queda en la lengua el sabor de un ron agridulce y la cicatriz
que los insectos van dibujando en el eclipse rojo de la luna.


miércoles, 10 de octubre de 2018

Tu semilla

Todos los perfiles te nombran. Hay un amanecer
y un jardín de flores con tu rostro. En los cristales
repica la lluvia como un verso que aúlla. Al fin verte
atravesar las acequias con los pájaros a tu lado,
sonriendo. Siempre tu cuerpo está junto a mí,
siempre un rizo tuyo se acuesta en mi labio como una línea
húmeda que sacia mi sed. A veces te crecen alas y tu vuelo
es un círculo donde la llama del deseo se columpia. A veces
te abrazo e imagino la nieve deshacerse en mis párpados
porque nace de ti la semilla de una razón hecha de carne
y de fuego. Y si te miro sé que es en mí donde siembras.

domingo, 7 de octubre de 2018

Las cavilaciones de un hombre enfermo



Debemos valorar a las personas por lo que tienen en su interior

Jack el Destripador

Otra vez, otra vez la canción del agua
en mis manos.

Hay risas y cabriolés
que escupen su sonido
de cascos sangrientos
hacia la duna de la conciencia.

Qué música de organillo en Whitechapel,
qué fiebre de vómitos,
qué resurgir de campanas en la medianoche
alzan el ejército de mi hoguera
hacia la pasión que dibuja un tajo febril
en el relámpago de la lujuria.

Descubro los senos encendidos,
las guirnaldas y los confetis,
el hueco ácido de la voces,
el tintineo de las monedas bajo el corazón hastiado
de la virtud.

Quema el rocío de la niebla en mis dedos
como cuchillos que trepanan la carne
y desmembran la singladura de un solsticio en las venas.

Ah! de la infamia, solo el benefactor presiente
el latido de las alcantarillas.

¿Y si llega hasta aquí
y después levita el sordo augurio de la piedad,
en qué gruta el sorprendido anhelo del perdón,
mi revés de alquimia y penitencia?

Yo busco el alma sin alma
en el vientre del lupanar,
yo el arlequín que imagina
una voraz altura en la pureza de su rito
solo quiero un manjar de muñecas con semen en la boca,
que no hablen,
que no digan cuándo,
en qué instante, aconteció su infierno.

jueves, 4 de octubre de 2018

El otoño en mí

Como la esbeltez de un tronco ante la mirada del sol.

Así la piel contra la piel,
el rubio ardor del silencio,
la metamorfosis del tiempo.

Más tarde la palabra y el refugio del vástago
mientras sudan los días espejos de alas blancas
o aventuras yacentes.

Hay hilos de costumbre en los desayunos,
un adiós sin preguntas que impacta en el cristal
como una masa gris e inhóspita.

El almohadón de la alcoba sueña
con pájaros copulando en la nube,
ausentes del misterio,
desnudos ante la noche.

¿Y, después, qué lágrima de éxtasis,
en dónde la caricia de la ola perdida?

Hablamos y tejemos la telaraña de la ayuda.

Así se revuelca el amor en su jardín de hojarasca.

Siempre es otoño en las pupilas que añoran
la cumbre de los besos encendidos,
siempre es otoño
tras la humedad infinita de la entrega.

lunes, 1 de octubre de 2018

Seis de enero

Día de reyes como cometas al aire. El tacto
y la mirada virgen ante el descubrimiento.
Presentir la nube indómita de la magia,
acurrucar al niño entre su pijama y el cosmos.
Mi fuerte de vaqueros e indios, el balón
y el coche eléctrico, un mecano de piezas
descompuestas, el pequeño proyector
de dibujos animados. En el salón
vagan la ternura y los ojos grandes
del que aún es un niño y no olvida.