jueves, 9 de julio de 2020

Ahora perteneces al miedo

Ahora perteneces al miedo, los pasos
no son tuyos, ni el albedrío, ni las palabras,
tampoco la memoria. No decidas más, enmudece,
roe la ceniza que deja una amenaza, esconde la ira,
la razón, el impulso de un grito en el despeñadero.

La zozobra

"Y seguiré naufragando en mares ajenos, hasta naufragar en mi propio mar"
Antonio Porchia


Parece que ahora solo quedan los restos del naufragio.

El óxido de los clavos que te sostienen en la cruz,
tu desnudez, el cuerpo enflaquecido, la llaga abierta,
la sangre coagulada y el dolor en el rostro contraído,
la lágrima intacta hasta el borde de tu noche.

Parece que ahora solo quedan los restos del naufragio.


Esa tabla que, torpemente, ases, el mar de la vida
embravecido, la tormenta sobre tu cráneo, implacable,
la sal en tu boca hiriendo los labios, ese dejarse ir
cuando los días te golpean con olas de espanto.

Parece que ahora solo quedan los restos del naufragio.

Has caído sobre el barro, la lluvia te amortaja
mientras los pájaros negros escapan del alambre
para morderte el sueño. Ya no eres tú, ni tu barco
es ya tu barco, parece que ahora solo quedan
los restos del naufragio.

lunes, 6 de julio de 2020

El lobo en ti

A veces sientes que todo está hecho para ti.
La luz del día, el mar insondable, las palabras
que engarzan una nube con otra, el sol en la piel,
el amor que baña tu amor. Nunca miras dentro de ti,
en ese pozo oscuro al que regresas cuando la bola
de cristal se rompe. Está bien, los relojes son el consuelo
porque navegan hacia atrás como ríos locos, a ti te gusta
nadar contracorriente y desnudarte en la orilla. Crees
que todo es superficie, sentidos poblados por flores
en la nieve, lamentos que pasaran como hojas caducas.
No sabes que alimentas a tu lobo, en el agua gris
espera su noche de azabache desde el tiempo
inmemorial de tu nacimiento, procura que el rocío
de la vida moje tu edad con serpentinas que vuelen
sobre canciones sin memoria. Acecha el lobo tu caída,
sin horror, con la paciencia de un dios que retarda
el festín hasta la hora en que los murciélagos
se aposentan bajo el olvido que serás, ya
escucho tu voz y el aullido que un cuerpo
deja cuando las fauces del lobo muerden
el secreto de su inocencia.

domingo, 5 de julio de 2020

El pasillo

Ignoro la longitud, el candil, si tiene ojos.

Un río de mármol,
yeso en las molduras,
enjambre de gotelé en las paredes,
múltiples láminas que sudan.

Recorre este templo que es un pasillo entre gárgolas,
un suicido de cuadros te contempla,
el teléfono y su negritud,
plástico que sobrevive a la voz del miedo,
el mosaico babea los octógonos que pisas,
la luz cae de una araña rota en cristal.

En su cenit un espejo de cornucopia dorada
y dos sillas de caoba, la herrumbre de los ganchos
donde cuelgan los signos
recibe ropas y ropajes,
chalinas y dalias rojas.

El reloj alemán, pajarita blanca, agujas de oro,
ya no sueña, es el monstruo que contempla
mi cuerpo en fuga, el balón transparente
que rebota en los zócalos.

Transita, si puedes, este silencio de luz,
miasmas que se cruzan como besos pálidos.

Tú me dijiste que era un túnel sin salida,
pero yo sé que mi sangre triste reclama esta arteria de infancia,
cinco puertas cerradas y un frenesí de niños en la penumbra,
encendiéndose, como guirnaldas de todos los colores.

sábado, 4 de julio de 2020

El pájaro

La chica pelirroja no me hace ningún caso,
todavía me despierto con sus ojos de pantera
en mis ojos. Es una ciudad de agua, por eso
llora al atardecer cuando un resquicio de sol
la posee. Conocí la isla: tropical, ocre, dulce
como una madre. El amor es un relámpago que hiere,
nos vimos en un lugar que, después, fue el futuro.
Ya comienza a decaer el día, se vislumbra
en la enramada el cuerpo del pájaro que trina.

viernes, 3 de julio de 2020

Un día de vacaciones

El hotel nos llama con su palmera vieja.

Aún llevas el biquini azul bajo el vestido pret a porter.

Me encanta cuando el sol te encinta
y la habitación clarea.

Desnúdate sin pudor,
recorre el clímax indiferente
de los espacios usados.

Asómate a ese mar que escondes dentro
y dime dónde nadan las sirenas
que te han dejado partir,
sin un canto, envidiosas
de ser tú y tu cuerpo.

miércoles, 1 de julio de 2020

Aquel instante

En cada vida hay un instante crucial.
Su preámbulo no lo imaginas, lo has soñado,
eso sí, pero en otro lugar, en otro tiempo.
Y es que el tren era el viejo tren de siempre,
la noche igual a la última noche, el día
se repetía en el vacío, faltaba la palabra,
el decir de una fuente que nunca antes manó.
Recordarás el olor del aceite, la estación
en penumbra y las farolas de las calles
como una rebelión amarilla. En tu mirada
la desnudez de mi nombre pensé que existía.
Tu rostro, tan cerca como la familiaridad
del perfil en un espejo, tus manos blancas,
los sitios comunes que nos visten. Y ese adiós
de pájaro que volverá a su nido mañana, esa
sensación de que el futuro son nuestros cuerpos
en un rondo infinito. Nunca existió un relámpago
más dulce, un relámpago que sobrevive en la memoria
como una estrella que deja atrás su luz.