viernes, 16 de noviembre de 2018

Como un pájaro



Recordaré el mar, el mar en mí.
Y la línea última de los cipreses bajo la bruma.
A menudo la luz se refugia en tu axila.
Un tren con alas vuela incansable hacia el horizonte.
Todos los pájaros regresan del sur para regresar al sur.
Me preguntas si te quiero, si te querré siempre.
Siempre es una palabra que no conocen los pájaros.

martes, 13 de noviembre de 2018

El espejo

Otra vez estoy ante ti, pulido eje del tiempo.
Es curioso tu don de infinita verdad, fotografía que huye de sí,
cosmos que vive en el cuadrángulo o en el círculo de tu pureza.
Ayer te vi o me vi a la hora en que sucedo,
la misma hora que se columpia entre los días y camina hacia la muerte.
Tu perfil de cornucopia y la luz amarilla,
la lisura de tu cara que es un reflejo de paz,
el orden estático del encuentro
-que yo busco como un alevín de la nada-.
Han venido los años supurando arenas y mercurio,
vuelvo a tu hogar de azogue, ciego y mudo por no hablarte.
Puedes ver que aún soy yo el que finge esta mueca del pasado
ante tu oro sempiterno que jamás se apiada.
Te guardaré junto al sueño, allí donde se pose mi rostro
y serás testigo de este silencio opaco
que es solo una forma de no volver a ti,
de ausentarme para siempre del mañana.


domingo, 11 de noviembre de 2018

El abrazo de otro

Una cicatriz ríe en el misterio.
Símbolos que nunca amanecen,
latidos perpetuos que son lágrimas de invierno.
Es como sobrescribir la luz en un nombre,
la imagen de una playa inhóspita,
el fragor infinito de los suburbios.
Aquella tarde húmeda solo éramos tiempo
-un cauce verde en la tiniebla llora la juventud de los diecisiete-.
Hembra fúlgida de luna, igual que yo y mi verso amargo,
lo mismo que el arpegio de la música en las galerías del humo.
Te acercas y siento el vértigo de la quimera.
Un fluido de canciones, de desnudez y palabras
invade el pensamiento y es la ciudad un libro de sombras
bajo el crepúsculo que viene.
¿Qué canción parpadea en ti, qué lees, cómo se nombra el signo que nos une,
en qué plaza un ruiseñor existe para nosotros?
Me anticipo a ti que no sucedes
o solo en el músculo de un río a la deriva cuando escoges el ardid de la fuga.
Quizá en el relámpago de conocerse vivió la incertidumbre del futuro.
Lo comprendo, comprendo que la llama del deseo
caduca cuando el abrazo de otro finge ser el mío.
¿Qué vendrá ahora que los mundos no giran?
Solo las estaciones, el rubor de la incógnita
y los cielos invertebrados que ensombrecen el corazón de los amantes.

viernes, 9 de noviembre de 2018

El pasado huérfano

Hasta el hueso tu amor.
Diez palabras tuyas vibran en mi memoria.
El ansia bajo los párpados de no sé qué invierno.
La piel contra la piel en un hostal sin nombre.
Dos manos entrelazadas como palomas heridas.
La ciudad desconocida que muere en tu iris.
Una cicatriz que se perpetúa en los ecos.
Y tú que no recuerdas lo mismo que yo.

miércoles, 7 de noviembre de 2018

Hijo del otoño

Un vendaval de hojas caducas llega a mi corazón.
El pálpito del frío en la piel y los ojos blancos
de preguntar, inútilmente, por la luz.
El ocre y la verdad de los números, el agua arrebatada
por la escarcha indómita, un sueño de humus en el vientre.
En el sur de los otoños vive la canción de los amantes
-niebla sobre los puentes, farolas de un amarillo sin color-
les vieux amants ,quizá, al recordar el verso de un acordeón sobre el río.
Mi voluntad en noviembre es un árbol dormido en abril,
mi cartografía la floración del bosque en la frágil madurez del helecho.
Otoño en las pupilas viejas, rotundidad de frutos en el amanecer de la bruma
silencio de ramas rotas junto a un cauce que brilla hasta morir.
Abrazo el tronco de muescas invisibles, aún le debo el orgullo
de saberme gloria húmeda de un confín perdido, fuente
que en su misma savia reluce como una lágrima de miel.

lunes, 5 de noviembre de 2018

Entre recuerdos

Un hombre se mira en el espejo y ve un soliloquio mudo.
Pero él sabe qué decir porque su voz es fuente de oro
que solo necesita del silencio para manar.
Pasea por los metros cuadrados de un piso sin luz,
escucha el crujir de las tablas, la tenacidad de la carcoma,
el gorjeo de los pájaros en el alféizar.
Quisiera hablar contra el cuarzo del ventanal,
decir: hoy ríe la vida con su gong eterno.
Abre un libro por la página mil veces leída,
aún queda el aroma de los veinte años sobre el papel usado.
No enciende el televisor, la radio le enseña que no es su tiempo el que escucha,
en la rosa del tiesto la alegría es un brote de diez pétalos huérfanos.
¿Quién le dirá de la lujuria cuando pasa junto a él un ave desnuda
de pechos inabarcables? Ya solo, perdido en la quietud del atardecer,
el retorno deja babas azules, así en la hoz del crepúsculo su sueño danza
entre las olas del recuerdo, y al fin es una isla su transcurrir
donde ya no viven los años que vendrán sino únicamente los que han sido.

viernes, 2 de noviembre de 2018

Aquel grito

La mirada busca los espacios pequeños que no cambian.
Los ritos, los hábitos, la memoria siempre encendida
y tu presencia de estatua
junto a mí.
El paisaje vela los ojos
y se reconoce el alba y el crepúsculo porque son hijos del tiempo
ya vivido.
Al caminar los pasos desandan los otros pasos más ágiles,
más ausentes de sí.
Todas las palabras se acumulan como sedimento
de frases ya oídas o dichas con el énfasis de la virginidad.
Lo nuevo en mí es el recuerdo con sus metáforas dulces,
cuando te arropo en tu cama envejecida
aún veo a través de tu piel
la crisálida del ayer,
tu juventud, la ilusión desperezada
y aquel grito del fuego sobre la nieve.