jueves, 22 de octubre de 2020

Visión interior de un cuerpo beato

Desde las paredes más finas vigilo la transparencia.
Crisálida de venas y capilares, qué luz antigua
en mí. Cúpula de viernes, pulmón flamígero
donde la cavidad devota rumia el existir,
las rodillas son los codos que vuelvo hacia mí,
alas sin voz, deus ex machina de la noche. Solo
el aire y la fe de los glóbulos en una corriente de cálices
blancos. Cada extremidad, uña esculpida, cabello
que hormiguea en el trigo de la quietud es ojal de misterio,
vidrios cromados, lujuria del cuarzo que idolatra la sed
del místico. En el falansterio de mis hombros duda el himno,
la oración cálida en coro de ángeles palpita y el corazón,
campana de fe, asusta al día con su tañer anónimo.
Fluyen las hojas caídas en la faz de mi río, indolente
como un eje donde giran los silencios. Carne soy
en el abril de tu sueño, piel de delirio y rubor amargo
si el aire llora. En la desidia del espejo hay un aura
de inmadurez, el niño y el azogue, la sombra
y el arduo entretejer de la araña en la esquina
de mi pecho como un canesú interminable.

miércoles, 21 de octubre de 2020

El barco errante

 Tabla y esquife de dios,
la luna atrás como una hembra bendecida,
espolón de abeja reina,
la navidad en las olas,
surca mi velero el mar azul,
un relámpago en el confín,
poblador de islas de cobre y palmeral,
insigne trinquete en la galerna,
¡cuidad los sueños, amigos,
y recibiréis la sonrisa del primate,
las guirnaldas del coral,
el ukelele manso de la fiebre,
la raíz del manjar entre los senos vírgenes!

Vuela, delfín alado
que el piélago como piel de batracio
consiga que resbale tu aliento,
el bucanero afila las tibias,
remienda la raída bandera en su cubil de náufrago,
al norte, el país de los hielos,
la memoria del drakkar,
sultán de las corrientes infinitas,
el Valhalla en su frente,
la fiereza en los colmillos que aman el poder,
y la luz en las ubres del mediterráneo,
homéricas las lunas,
mitos en los lupanares,
dátiles oscuros y prodigios de Troyas y naufragios.

Al oeste el temblor de los pájaros
en las orillas multicolores,
el oro que vomita el río mágico
desde Perú hasta la grieta del ensueño,
témpanos al sur de un continente
de cadera encinta,
oriente y su sol imperial,
sus radas perdidas,
su gimnasia de especias,
el opio de las golondrinas en el velamen yerto.

Has navegado, capazo mío,
ballena imberbe,
solidario nauta de los días;
déjame aquí,
junto a mi corazón terrestre,
bajo una higuera,
como un árbol que después del vendaval
solo quiere un cimiento amable,
serenidad del alma
que aún sueña que una vez fue Jasón
en busca del vellocino de oro.

martes, 20 de octubre de 2020

El alma en mí

 Después de trepar la llama
crepitando el dolor y la ceniza,
húmero blanco en el cenotafio,
llegas con herida de loba
y esmalte de cigüeña.

Te aproximas a mis huesos,
sobas mi carne,
duplicas el anverso de mi muerte,
luz de arcángeles,
ríos de ascuas en el cilindro de mi ser.

Reptas como un ciempiés
entre las arterias
y sigues al antílope en llamas,
metal fundido en el cuévano
donde el orfebre moldea tu signo,
la ingravidez hospitalaria
de los pájaros de fuego.

En un vértice fundes la verdad
con los estigmas del tiempo
y la huella,
eres tránsito de volcán,
alfombra incandescente que se vierte,
cálida,
líquida,
humeante como una nube sin vértebras.

Te espero
en mi perfil,
en la nalga triste,
en el rincón sin espías que es tu nido,

el silencio inconmovible,
la razón de la esperanza,
la nada en el humo de mis pensamientos,
el sigilo moral
que no desespera
cuando en los ojos la altiva necrosis resplandece.

Me vuelvo hacia ti
con mi podredumbre,
mi pasión,
mi sensatez,
con la virginidad que aún existe entre mis ingles,
demasiada piel 
para tu etérea singladura.

domingo, 18 de octubre de 2020

Los muertos que soy tienen alas


Guardo en la jaula del tiempo
una multitud de cadáveres.

El niño que admiró al trapecista,
el que coleccionaba cromos multicolores en álbumes perdidos,
el que subía cumbres en una bicicleta amarilla.

Ninguno existe ya.

El adolescente que descubrió la poesía en un libro ajado,
el de la mirada tímida que soñó unos ojos de hembra,
el devorador de films en tardes de lluvia.

El joven solitario
y su sombra
sentado en plazas vacías.

¿Es que ya no están conmigo?

Este hombre que hoy escribe
abre su jaula al recuerdo.

En el ocaso de la edad los epitafios agitan sus alas.

Yo sé que en mi interior el niño,
el adolescente,
el joven
nunca serán del todo cadáveres
mientras la memoria
siga viva.


sábado, 17 de octubre de 2020

Fluidos

Fluye la atmósfera que soy,
el aire como un inquilino alegre me invade, 
se despiden las nubes inconexas
en el cenit del capricho,
vuela el murciélago tras un sueño de mariposas,
dentro de la saliva la palabra muere
necesita el fluido de la voz para llegar lejos,
la sangre circula desde el pulmón al capilar suicida,
el río mana dentro del humus antes de abrirse
a la flora y el roquedal, vibra la música,
fluye en su orgasmo de notas, el tigre imagina
un dios en la jungla y espera lanzarse a su designio mortal,
el gas del olvido corre en ondas fosforescentes de neón,
las líneas de un párrafo no cesan de transcurrir
mientras el lector descubre otro retrato de sí,
la lluvia es un abismo húmedo que se desliza sin fe.
Desde el mojón de mi estancia todo pasa
con su frenesí sin memoria, quiero ser la roca,
la fiel conjura donde tú crezcas feliz
y que lo demás sea solo la vida
en su indiferente fluir.

jueves, 15 de octubre de 2020

Será

 Abecedario carmesí del bosque entre la niebla,

ocre clamor de hojas moribundas, la ardilla

bajo la lluvia salta de árbol en árbol como

un derviche loco. Un rumor de hongos

y un cielo donde sus sombreros giran

y giran como planetas, el lobo acecha

entre la urdimbre, ramas y gotas

que, lentamente, caen en la espesura.

Baja la urraca de su pedestal, la oruga

y el ciempiés, el topo y la calandria,

la yesca y el rocío, la corteza del roble

y del abedul, la hierba mojada por el iris

del agua, el río y su crecida, ante mí.

Será que ya ha llegado el otoño.

 

El extraño

 Siempre serás un extraño, tú reconoces la ciudad

pero la ciudad es agua de indiferencia,

colmena inhóspita.

 

Visitas un país,

parece como si en otra vida

ya hubieras estado allí,

ejercitas las costumbres

con la facilidad del nativo,

el idioma te besa en los labios,

dulce su canción de armonía.

 

Sin embargo, hay un aire que a veces notas frío

sin que para los demás lo sea,

te miran ojos azules

que buscan en la oscuridad de los tuyos

una semejanza infantil

que no hallarán.

 

Ya habías soñado con este río,

con el puente y sus estatuas,

con las plazas y el mercado,

con el aroma de los puestos de flores

y el violín del mendigo,

etérea su música como un rumor

de ángeles.

 

No es la primera vez,

en otros países, en otros climas,

con mujeres y hombres distintos

te ocurrió igual.

 

La cicatriz del extraño no desaparece,

en tu voz siempre habrá una fiel conjura

de himnos apátridas, tu verdadero lugar

es ninguno, tu ciudad no existe,

tu bandera es un trapo roto

que un día olvidaste

entre las cosas perdidas

de una casa en las afueras.